DOCUMENTOS SOBRE EVA DUARTE DE PERON 


Eva Ibarguren EVA IBARGUREN EVA DUARTE EVA PERON EVA PERON EVA PERON EVA PERON

María Eva Duarte de Perón / Evita. Argentina 1919-1952

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HISTORIAS, ANECDOTAS y TESTIMONIOS 

Evita en el Hogar de Tránsito Nº 2, hoy Museo Evita, Lafinur 2988, Buenos Aires

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Del Dr. Ignacio Martín Cloppet, abogado, integrante del claustro de profesores titulares de la Facultad de Historia, Geografía y Turismo de la Universidad del Salvador, profesor invitado en las Universidades Complutense de Madrid y de Navarra ( España ); San Pablo de Arequipa ( Perú ) y en el Instituto Italo - Latinoamericano de Roma ( Italia ), realizador de numerosos ensayos y reseñas biográficas, autor del excepcional trabajo titulado Los orígenes de Juan Perón y Eva Duarte, Alfar Editora, Buenos Aires, con prólogo del Dr. Juan José Cresto, Presidente de la Academia Argentina de la Historia, 368 páginas, profusamente ilustrado y con importantísima documentación, año 2010:

Los historiadores y biógrafos de Evita, con alguna frecuencia, cometen errores respecto a la familia Duarte. Uno de ellos, precisamente, es sobre quién fue la esposa legítima de su progenitor, Juan Duarte.

No existió ninguna Estela Grisolía casada con Juan Duarte. Estos Grisolía llegaron a la Provincia de Buenos Aires en el año 1860 en cabeza de un señor llamado Pascual, que había nacido el 25 de septiembre de 1835 en Lagonegro ( ciudad de Italia que se encuentra al sur de Roma, provincia de Potenza, casi en el límite con Calabria ). Era hijo único del matrimonio de Nicolás Grisolía y Lucía Falabella, y tras haber quedado huérfano a los 17 años, emigró a la Argentina y se redicó en Chivilcoy, donde se dedicó a tareas agropecuarias y comerciales. De regreso a su ciudad natal, se casó el 8 de agosto de 1870 con María Filomena De Maio ( nacida también en Lagonegro el 5 de octubre de 1845 ). Luego regresó a Chivilcoy junto a su esposa, que no sabía hablar nada de español. De este matrimonio nacieron 7 hijos; tres de ellos: Lucía, Luis y Juan fallecieron a corta edad. Los otros cuatro varones, nacidos todos en Chivilcoy fueron: Nicolás Vicente ( el 5 de abril de 1875 ), Felipe Luis ( el 11 de mayo de 1877 ), Francisco José ( el 9 de agosto de 1882 ) y Luis ( el 18 de abril de 1885 ). Del matrimonio Grisolía - De Maio, la única mujer que nació falleció infante.

El único parentesco de Juan Duarte con la familia Grisolía tiene su origen en los dos connubios que contrajo su yerno Francisco José Grisolía con dos de sus hijas: María Duarte Uhart y Adelina Duarte Uhart.

Doña Catalina Duarte Uhart se casó en la Parroquia de San Pedro de Chivilcoy ( Libro N° 26, Año 1913, Folio N° 33 ) el día 1° de marzo de 1913 con Francisco Castagnino. Fueron testigos de la boda por la novia su padre Juan Duarte y por el novio Clementina de Pereda. De este matrimonio nacieron 4 hijos.

Doña Magdalena Duarte Uhart se casó en la Parroquia de San Pedro de Chivilcoy ( Libro N° 31, Folio N° 125 ) el día 6 de diciembre de 1914 con Francisco Muñoz Rizzi. Fueron sus testigos Francisco Muñoz y Adelina Duarte de Grisolía. Tuvieron dos hijos legítimos: Francisco y Raúl Muñoz Duarte.

Paralelamente a su familia legítima, Juan Duarte mantuvo durante muchos años una segunda casa o " casa chica ", término ciertamente antipático. No repetiré lo que otros biógrafos ya contaron sobre la vinculación que tuvieron por largos años Don Juan Duarte y Doña Juana Ibarguren, de la que nacieron 5 hijos extramatrimoniales: Blanca ( 1908 - 2005 ), Elisa ( 1910 - 1962 ), Juan Ramón ( 1914 - 1953 ), Erminda Luján ( 1916 - ... ) y María Eva ( 1919 - 1952 ). A la fecha de mi libro, Erminda Duarte es la única hermana sobreviviente de Eva Duarte de Perón. La hermana de Juan Duarte, Ursula Duarte de Uhart, siempre responsabilizó, por la existencia de esta " segunda casa " en Los Toldos, a su cuñada  -  Adela Uhart, esposa de Juan Duarte  -  debido a la decisión de ésta de vivir en la ciudad de Chivilcoy y no en el campo, junto a su esposo.

Amén de ello, considero apropiadas las palabras del escritor Juan José Sebreli, en Comediantes y Mártires, editorial Debate, Buenos Aires, año 2009, páginas 73/74  -  aunque sin suscribirlas del todo, pues denotan ciertos axiomas negativos y cargados de resentimiento  -, cuando dice:

" Era común en las comunidades rurales que el rico del pueblo tuviera una segunda familia ilegítima. No obstante, para los prejuicios de un pueblo chico, la pobreza y la condición de hijo natural ... significaban un estigma ... No podía ( Evita ) tampoco identificarse con una clase social determinada, dividida por su doble pertenencia: el padre era un terrateniente, miembro de la clase alta rural y caudillo conservador a las órdenes del gobernador Marcelino Ugarte. La madre era, en cambio, de clase baja, hija natural de una puestera y un carrero ".

Efectivamente, los padres de Juana Ibarguren ( 1894 - 1971 ) fueron Joaquín Ibarguren, un vasco francés que transportaba mercaderías por la región, y Petrona Núñez, una criolla nacida hacia 1872 y fallecida el 31 de mayo de 1927.

De los varios hermanos que tuvo Petrona Núñez, es importante destacar la presencia que tuvo en la vida de Eva Duarte, la figura afectuosa de Diógenes Núñez. Erminda Duarte, en Mi hermana Evita, ediciones Centro de Estudios Eva Perón, Buenos Aires, año 1972, dice:

" ¿ Te acuerdas de nuestro tío abuelo, Diógenes Núñez ? ¡ Qué singular belleza tenía con su cantidad de años y su larguísima barba blanca ! A nadie dejaba de asombrar su estampa, pero tú lo veías como salido de la Biblia, como si fuera un apóstol ".

Sus abuelos maternos fueron Antonio Núñez, nacido en Córdoba en 1835 y Paula Pregote, nacida también en Córdoba en 1839. De este matrimonio habrían nacido, al menos, 8 hijos, y gozaban de una acomodada posición social, pues en el año 1895 poseían propiedad raíz. Un dato novedoso es que Juana Ibarguren habría nacido en Bragado, Provincia de Buenos Aires, y que al principio fue anotada como Juana Núñez, o sea con el apellido materno. Hacia el año 1895 ella se encontraba residiendo en dicho pueblo, junto a su madre y sus abuelos, como así lo corrobora el Censo de 1895.

Hasta hoy, quienes se han ocupado de la vida de Evita, mencionan al pasar que su padre, Juan Duarte Manechena Etchegoyen, había fallecido en un accidente automovilístico, sin dar mayores detalles y circunstancias sobre el mismo. Incluso insinúan que habría muerto en el mismo accidente, lo que no es correcto, ya que falleció un día después en el hospital a donde fue trasladado e internado.

El motivo de ese viaje apresurado desde el campo hacia Chivilcoy, según relata la tradición familiar, se debió a que Juan Duarte quería partir hacia Los Toldos para llevar juguetes por la fiesta de Reyes a sus hijos, a Evita y sus hermanos.

En el diario " La Verdad " de Chivilcoy, del día jueves 7 de enero de 1926, aparece en la tapa una noticia que dice: " El trágico accidente de ayer. Crónica completa del triste suceso ".

La noticia relata que el día miércoles 6 de enero, pasadas las 12 horas en la avenida Mitre ( calle " macadamizada " ) de Chivilcoy, que ya había sido escenario de muchos accidentes fatales, se registró uno que por sus características asume proporciones de tragedia. Viajaban en un automóvil particular marcha Chevrolet: el conductor Salvador Uhart Duarte ( h ) y el menor Juan Leiva que viajaba en el lugar del acompañante en calidad de " chauffeur "; en el asiento trasero iban el niño Alcides Uhart de 10 años de edad, el señor Juan Duarte, de 65 años de edad, tío del último citado, y los menores Saúl Insúa Harguindey de 8 años de edad y su hermanita Lole de 11 años de edad, ambos sobrinos de Salvador Uhart ( cuñado de Juan Duarte ).

Tal cual se dijo, la dirección del coche estaba a cargo de Salvador Uhart ( h ) y marchaba a gran velocidad por la avenida referida. Unas tres cuadras más allá de la Plaza Moreno, el conductor perdió la dirección y tuvo que frenar instantáneamente el vehículo, el cual patinó en zig zag un trecho de 40 varas, precipitándose con violencia al costado izquierdo del camino. Es de suponer el pánico que se apoderó de todos los integrantes del automóvil y el cuadro trágico de su desenlace. Cuando acudieron los primeros vecinos, comprobaron que todos los ocupantes del vehículo estaban heridos, a excepción del menor Alcides Uhart a quien encontraron muerto, con la base del cráneo completamente destrozada, como consecuencia del violento choque que sufrió contra uno de los soportes horizontales de la capota, que eran de acero. Cuando llegó la policía junto con la ambulancia al lugar, los vecinos que habían acudido desde el primer momento, habían socorrido a las víctimas, que habían sido despedidas a alguna distancia por la violencia del impacto.

Además del fallecimiento del menor Alcides Uhart, Juan Duarte sufrió una rotura de tres costillas, el menor Leiva resultó con contusiones en una pierna y en el costado izquierdo; el conductor Salvador Uhart sufrió heridas leves en el rostro y en una mano; los niños Insúa resultaron con heridas sin importancia en la cara, en las piernas, en la cabeza y en las manos. Según la opinión del médico Pedro Acuña, que los asistió desde el primer momento, su estado no requería de cuidados especiales.

Nadie ha podido establecer los verdaderos motivos del accidente, ni el propio conductor Uhart. El conductor manifestó que sólo recuerda haber perdido el control de la dirección, después de lo cual se halló en el hospital sin haber podido relatar con precisión nada de lo ocurrido. Una singular coincidencia hizo que en el momento trágico del accidente pasaran por el lugar las señoritas Eloísa Harguindey y Eloísa Florán, tía y prima de los niños Insúa. Inmediatamente estas señoritas condujeron a los niños accidentados a la farmacia " Florán ", en vista de la levedad de su heridas, en donde fueron atendidos y luego trasladados a su domicilio en donde los continuó atendiendo el facultativo Acuña.

En cuanto a los demás heridos, incluso el cadáver del niño Uhart, fueron trasladados al hospital municipal para su reconocimiento en la ambulancia de la policía. Salvador Uhart, además de otras heridas sin importancia, presentaba una herida cortante en la frente. Un detalle para tener en cuenta es que Salvador Uhart padecía de cierta dificultad de movilidad en la mano y un pie, desde hacía tiempo.

Don Juan Duarte, en cambio, además de la rotura de las costillas, sufrió heridas de pronóstico reservado y una gran conmoción cerebral, producida desde el primer momento del accidente. Los médicos que atendieron a los enfermos en el hospital fueron los doctores Alejandro Báncora, Juan Lamón y Francisco Elósegui.

Unas horas después, el trágico accidente se cobró la vida de Don Juan Duarte, que falleció en el hospital municipal el día viernes 8 de enero, o sea 48 horas después del fatal suceso. El diario " La Verdad ", Chivilcoy 8 de enero de 1926, reproducía un único obituario:

" + Juan Duarte ( Q.E.P.D.) falleció el 8 de enero de 1926. Sus hijos Adelina D. de Grisolía, Catalina D. de Castagnino, Pedro ( ausente ), Magdalena D. de Gatto, Eloísa D. de Muñoz Rizzi y Susana Duarte; sus hermanos María D. de Elgoyhen, Ursula D. de Uhart, sus hijos polìticos, sus hermanos políticos, sus sobrinos, nietos, primos y demás deudos invitan a sus relaciones a acompañar los restos de extinto a su última morada mañana sábado a las 9 horas, por cuyo favor agradecerán eternamente. El duelo se despedidará por tarjeta. En la empresa Michellis habrá carruajes hasta las 8 y 1/2. Casa mortuoria, Av. Villariño 260 ".

Algo que puede resultar explicativo, y por cierto novedoso para la historia, son los acontecimientos posteriores al fallecimiento de Don Juan Duarte. 

En primer lugar, conviene aclarar que cuando Juan Duarte falleció era viudo. Su esposa Adela Uhart de Duarte había fallecido en Chivilcoy, el 19 de septiembre de 1919. Ignoro la fecha en que dejó de ir a Los Toldos a visitar a Juana Ibarguren y sus 5 hijos. A partir de su estado de viudez, desde ese momento Juan Duarte vivió en la casa de su hija Adelia Duarte de Grisolía, ubicada en la avenida Villarino Nº 264 de la ciudad de Chivilcoy. De hecho sus restos fueron velados en este domicilio el mismo día 8 de enero de 1926.

Es absolutamente cierta la historia donde se relata que Juana Ibarguren viajó desde Los Toldos a Chivilcoy junto con sus 5 hijos para despedirse de su amado Juan y para que éstos hiciesen lo propio con su finado padre.

Son absolutamente falsas las numerosas versiones que se contaron sobre esas horas y que no reflejan  -  tal vez por ignorancia o por mala entraña  -  lo que efectivamente sucedió en el velatorio.

Lo indiscutible es que ese día el hermano mayor de Francisco José, dueño de la casa donde se estaba velando a su suegro, Don Luis Grisolía, un abogado caudillo del Partido Demócrata Nacional y de gran actuación junto con el Dr. Matías Sánchez Sorondo, fue quien intercedió con la familia legítima para que Juana Ibarguren, Eva Duarte y sus 4 hermanos pudieran ingresar y ser recibidos dignamente en el lugar donde estaban los despojos mortales de Juan Duarte. No existieron episodios de repudio, desaire o rechazo en ese momento, como erróneamente se escribió, noveló y escenificó, y son falaces las versiones que así lo indican. 

Al día de la fecha, luego de " haber pasado mucha agua bajo el puente " y con la perspectiva del transcurso del tiempo, quienes se ocupan de la vida de Eva Duarte persisten canallescamente en sostener que Juana Ibarguren, y que, por ello, Evita " adquirió así súbita conciencia de las diferencias de clase y de su ilegitimidad ". Nada más alejado de la realidad.

Esto mismo me lo testificaron testigos presenciales de la familia legítima, como Doña Celia " Pekia " Elgoyhen Duarte de Cloppet  -  sobrina de Juan Duarte  -, y la recientemente fallecida en Chivilcoy, Doña María Adela Filomena Grisolía Duarte de Porley, una de sus nietas.

Del mismo modo se manifestaron  -  muchos años después  -  Blanca y Erminda Duarte Ibarguren, quienes al igual que sus prima hermana y sobrina segunda, respectivamente, negaron las versiones del escándalo y oprobio difundidas. En el mismo sentido relata la biógrafa Noemí Castiñeiras, al decir que:

" En muchas ocasiones en el teatro, el cine y la televisión, se ha representado el velorio de Juan Duarte, y una escena donde la familia de Chivilcoy niega la entrada al velorio a la familia de Evita. Blanca y Erminda han desmentido esas versiones escandalosas. El hijo de Eloísa Duarte ( su media hermana ), Raúl Guillermo Muñoz, ha declarado delante de un escribano que las familias siempre mantuvieron relaciones cordiales ".

La misma Erminda Duarte Ibarguren en Mi hermana Evita, ediciones Centro de Estudios Eva Perón, Buenos Aires, 1972, dice, textualmente, sobre este suceso que:

" Antes de partir nos despedimos de nuestras hermanas, hijas del primer matrimonio de papá, que quedaban más tristes que nosotros, ya que al morir papá su orfandad era completa puesto que hacía muchos años habían perdido a su madre ".

Lo que puede resultar más comprensible es que en aquella época  -  bastante prejuiciosa por cierto y con no menos hipocresía que la actual  -  la situación que vivieron Juana Ibarguren y sus 5 hijos no era socialmente aceptada por las costumbres de entonces y, por lo tanto, lo que les sucedió e hicieron, no resultaba usual.

Por encima de todo, resulta oportuno destacar el coraje que movió a Doña Juana Ibarguren para presentarse sin más en el velorio de su amado, junto a sus hijos, y luego de haberse trasladado tantos kilómetros a través de los difíciles caminos de tierra de esa época.

Y en absoluto Juan Domingo Perón hubiera imaginado y/o pensado, que la esposa de su viejo amigo Alejandro Santiago Cloppet, Celia Catalina Elgoyhen Duarte de Cloppet, que a su vez también fue muy amiga de su primera esposa Doña Aurelia " Potota " Tizón, iba a resultar prima hermana de Evita.

Nota:

La Bibliografía del Dr. Ignacio Martín Cloppet sobre Evita y Perón ha sido editada en Europa y en idioma francés, tal como menciona la periodista Mariana Rivera en el diario digital El Litoral.com, clickear, por favor, aquí.

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Del Lic. Raúl Manrupe, docente y licenciado en Publicidad, y la Lic. María Alejandra Portela, licenciada en Historia del Arte y docente, investigadora del cine mudo y del video, autores del libro Un diccionario de Films Argentinos, ediciones Corregidor, Buenos Aires, con numerosas fotografías, 744 páginas, año 1995:

La película La bestia humana, con guión de Eduardo Borrás sobre la novela " La bête humaine " del escritor francés Emilio Zola, fotografía de Alberto Etchebehere, música de Víctor Schlichter, montaje de Nicolás Proserpio, escenografía de Gori Muñoz, interpretada por los actores Ana María Lynch, Massimo Girotti, Eduardo Cuitiño, Alberto de Mendoza, Amalia Sánchez Ariño, Elisa Christian Galvé, Guillermo Bataglia, Oscar Valicelli, Francisco de Paula, Luis Otero, Domingo Sapelli, Berta Moss, Carlos Cotto, Adolfo Linvell, Jesús Pampín y Liana Noda, fue producida por Cinematográfica Cinco, distribuída por ASF ( Argentina Sono Films ) y dirigida por Daniel Tinayre.

La obra transcurre en el ambiente ferroviario. Un hombre dominado por un instinto asesino y una mujer que intenta salvarlo a través del amor. Considerada en calidad al mismo nivel del clásico dirigido por Jean Renoir, 1938, con Jean Gabin y Simone Simon. Existe también otra versión, dirigida por Fritz Lang ( Human Desire, EE.UU., 1954 ), con los actores Glenn Ford y Gloria Grahame.

La bestia humana fue filmada en 1953. Si por algo pasa a la historia es por el escandalete que causó en el gobierno de la llamada " Revolución Libertadora ". La aparición en una escena de retratos de Evita y de Juan Perón ( un afiche en segundo plano en la estación Rosario, del Ferrocarril Mitre ) motivó el retiro de copias y el secuestro de la película en Avellaneda y Villa Ballester. Se adujo infligir el Decreto Nº 4.161 / 56 ( aquel famoso de la " prohibición de propaganda política, alusión o simbología del régimen depuesto ). Sobreseída finalmente, la escena fue cortada de todas maneras.

Durante años este film permaneció desaparecido. El actor Roberto Escalada dobló al actor italiano Massimo Girotti.

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De Julio César de la Vega, escritor, historiador, en el libro Consultor de Historia Argentina, editorial Rhoman E.D.L.C., España, 580 páginas, año 1998:

El 11 de febrero de 1946 en Washington, USA, el subsecretario de Estado, Dean Acheson, y el secretario asistente para Asuntos Latinoamericanos, Spruille Braden, reunieron en horas de la tarde a los representantes diplomáticos de las naciones americanas en los Estados Unidos y les entregaron un memorándum de 131 páginas titulado oficialmente " Consulta entre las Repúblicas Americanas sobre la situación Argentina ", pero más conocido como Libro Azul por haber sido encuadernado con tapas de ese color.

La publicación del Libro Azul, que fue realizada pese a las recomendaciones en contrario del encargado de negocios norteamericanos en Buenos Aires, John Cabot, quien comunicó al Departamento de Estado que no lo creía conveniente dada la proximidad de las elecciones, por la reacción adversa que podría provocar en el electorado, perseguía el inocultable objetivo de influir en la decisión de los votantes en contra de la candidatura de Juan Domingo Perón. Sin embargo, tanto por el título de la publicación, como por motivos que determinaron su preparación, el Departamento de Estado habría tenido el propósito inicial de preparar el memorándum para convencer a los gobiernos de las repúblicas americanas de la necesidad de consolidar un frente común en contra del régimen del general Edelmiro Julián Farrell, acusado por un sector de los responsables de la política exterior norteamericana de colaborar con el Eje y de representar un peligro latente para el resto de las naciones del continente.

No obstante, la campaña electoral en Argentina, que comenzó a intensificarse desde los primeros días de diciembre de 1945, brindó al memorándum un marco propicio para que fuese digno de una " mejor causa ". Según el historiador Robert Potash, el editor del diario " El Día " de la Plata, Hugo Stunz, quien visitaba los Estados Unidos, le habría sugerido a Braden, el 2 de diciembre de 1945, que publicara el Libro Azul unos veinte días antes de las elecciones. A esta propuesta se sumaron posteriormente otras personalidades antiperonistas de Argentina, entre quienes estaban el diplomático Roberto Levillier y el candidato a vicepresidente de la Unión Democrática, Enrique Mosca. Obnubilados por el lema de la Unión Democrática: " ¡ Por la libertad ! ¡ Contra el nazismo ! ", creyeron que el Libro Azul sería el golpe de gracia que terminaría con Perón, y no contaron con la reacción adversa de gran parte del pueblo argentino en contra de la injerencia extranjera en los asuntos internos.

El Libro Azul era una historia reciente de la colaboración de las autoridades argentinas con el Eje, desde el gobierno del presidente Ramón Castillo ( 1942 - 1943 ) hasta el del presidente Edelmiro Julián Farrell ( 1944 - 1946 ), y de la reticencia de éstas a dar su apoyo a la causa aliada, por lo que se las acusaba de atentar contra la paz y seguridad hemisféricas. Contenía una larga lista de nombres de personas, entre las que figuraban la casi totalidad de los militares dirigentes del GOU, además de funcionarios de los sucesivos gobiernos desde 1939 hasta 1945, empresarios y políticos, principalmente nacionalistas. De las acusaciones no quedó excluido un grupo de diarios, entre los que se mencionaron a " Cabildo ", " El Pampero ", " La Fronda ", " El Pueblo ", " Momento Argentino ", " Crisol " y otros que, según se señalaba, recibían subvenciones de la embajada alemana en Buenos Aires cuando ese país todavía mantenía relaciones con Argentina. También afirmaba el memorándum que en ese momento los diarios " Democracia ", " La Epoca " y " Tribuna " eran subvencionados por el gobierno de Farrell.

Pero el principal acusado era Perón. Tanto por colaborar con el Eje como haber planificado ser el heredero inevitable del gobierno de facto, acusación que, si bien no era directa, surgía de la denuncia de los métodos empleados por los organismos oficiales para favorecer sus aspiraciones presidenciales. Al respecto decía el memorándum que: " El ejemplo más espectacular de los métodos de fuerza se produjo el 17 de Octubre de 1945 cuando la Confederación General del Trabajo, con ayuda de la policía, impuso en toda la Nación la huelga general de apoyo a Perón. Los trabajadores se hallaron aterrorizados y se cerraron los negocios por la intimidación a mano armada. Las fábricas fueron asaltadas mientras la policía protegía a los manifestantes. Los testigos sobre este asunto son abrumadores ": Estas acusaciones, por referencias anteriores del Libro Azul, involucraban a la Secretaría de Trabajo y Previsión como el organismo estatal gestor de los hechos ocurridos el 17 de octubre de 1945.

Al día siguiente de la reunión en Washington de los funcionarios del Departamento de Estado con los diplomáticos americanos, el Libro Azul fue remitido por cable a la prensa de todo el continente, incluida por supuesto la Argentina. En Buenos Aires, a partir del día 13, todos los diarios opositores publicaron extractos de su contenido, con excepción de " La Prensa " que en sucesivas entregas lo transcribió íntegramente. A partir de ese momento y hasta el 23 de febrero, las páginas de los diarios argentinos contenían referencias en pro y en contra del Libro Azul. Los periódicos peronistas se limitaron a denunciar que constituían una grosera injerencia de un estado extranjero en los asuntos internos argentinos, a negar la veracidad de los cargos y a replicar con acusaciones de espionaje de los Estados Unidos en Argentina. Por su parte, el gobierno argentino sólo manifestó que se trataba de un acto de injerencia de un Estado en los asuntos internos de otro Estado soberano y anunció que en su momento respondería a los cargos, a la vez que reafirmó su estricto cumplimiento de todas las obligaciones contraídas con el resto de las naciones americanas.

La actitud más inteligente con respecto a la publicación del Libro Azul fue la de Perón. No se preocupó en absoluto por refutar ninguno de los cargos que en él se le hacian, porque rápidamente percibió que ello lo hubiera enredado en una farragosa polémica que le habría hecho perder de vista el objetivo principal de su campaña. De esa manera no entró en la trampa que solamente habría beneficiado a sus adversarios. Por el contrario, de acusado se convirtió en acusador. Atacó a Braden, a quien responsabilizó de ser el artífice de la dominación extranjera en Argentina, e identificó su campaña con la intención de los Estados Unidos de doblegar al gobierno argentino para imponer los intereses económicos de su país en Argentina. Este contraataque de índole nacionalista culminó con la publicación del Libro Azul y Blanco, el 22 de febrero siguiente, cuya intención estaba dirigida a reafirmar en la conciencia del electorado que votar por Perón era hacerlo por la soberanía nacional. Pero antes de esto, su campaña electoral la circunscribió en una disyuntiva con una apariencia trascendental y determinante para el pueblo argentino: " O Braden o Perón ". Así lo expresó en las palabras finales de su discurso en la proclamación de la fórmula presidencial el 12 de febrero y en cientos de miles de volantes que los días siguientes inundaron el país. En el cierre del acto de proclamación dijo " ... sepan quienes voten el 24 por la fórmula del contubernio oligárquico - comunista, que con este acto entregan sencillamente su voto a Braden. La disyuntiva en esta hora trascendental es ésta: o Braden o Perón. Por eso, glosando la inmortal frase de Roque Sáenz Peña, digo: Sepa el pueblo votar ".

La Unión Democrática no advirtió el efecto de estas palabras de Perón en el electorado, y el nuevo giro que le dió a su campaña, y obstinadamente hizo suyas las acusaciones del Libro Azul creyendo que con ellas terminaría derotando a su rival. Pero sucedió lo contrario, tal como lo temía John Cabot, según lo expresó en su perspicaz recomendación al Departamento de Estado. Gran parte de los votantes identificó a la Unión Democrática con Braden y con quienes conspiraban contra la soberanía nacional.

El día 12 de febrero en la Plaza de la República fue proclamada oficialmente la fórmula presidencial Perón - Quijano. Una gran multitud se concentró alrededor del obelisco y de las avenidas adyacentes. El acto fue tan imponente como el que tres días atrás había realizado la Unión Democrática, pese a los intermitentes chaparrones estivales. El palco fue ubicado en un balcón del edificio Rex, situado en Diagonal Norte y Cerrito. Desde ese lugar hicieron uso de la palabra Juan Atilio Bramuglia, presidente de la Junta Coordinadora de las agrupaciones políticas que apoyaban la candidatura de Perón; Luis Gay, por el Partido Laborista; Leandro Reynés, periodista y secretario de prensa de ese mismo partido, y los integrantes de la fórmula presidencial. Los discursos fueron transmitidos a todo el país por la cadena de radiodifusión.

En esta oportunidad Perón, contra su costumbre, leyó el discurso. Era la última vez, en la campaña electoral, que su voz sería escuchada en todo el país, por lo que sus expresiones debían ser claras, precisas, de un contenido que implicara un verdadero programa de gobierno y que, a la vez pudiera ser fácilmente asimilado por todos y cada uno de los oyentes. Y logró su objetivo, porque fue considerado el discurso más conceptuoso de su campaña. Fue cuidadoso en todos los detalles. No solamente en los términos que utilizó: para que su voz fuera audible en los receptores de radio, a través de los cuales sería escuchado por la gran mayoría del pueblo, sólo permaneció en el balcón cuando inició su discurso y volvió a salir al final del mismo. La mayor parte de la lectura fue hecha desde el interior del edificio para evitar que en las radios la voz saliera ahogada por las constantes aclamaciones de la concurrencia.

Después de referirse a los aspectos económicos y sociales, en donde abundó en consideraciones sobre el papel del Estado en la planificación del proceso industrializador y la protección que estaba obligado a brindar a los trabajadores del campo y la ciudad, Perón concentró sus esfuerzos oratorios finales en el tema que, a partir de ese momento, constituiría la médula del resto de su campaña electoral. Ya tenía asegurado el voto de la inmensa mayoría de los trabajadores y de casi todos los católicos militantes. Sólo le faltaba consolidarlos y, al mismo tiempo, conquistar el de algunos sectores de la clase media. Y la oportunidad se la brindó Spruille Braden con la publicación del Libro Azul. Con toda su energía y desde el balcón, tapando el unánime clamor de la multitud que lo aclamaba, inició sentenciosamente la parte final de su discurso: " Si por un designio fatal del destino triunfaran las fuerzas regresivas de la oposición, organizadas, alentadas y dirigidas por Spruille Braden, sería una realidad terrible para los trabajadores argentinos la situación de angustia, miseria y oprobio que el mencionado ex embajador pretendió imponer sin éxito al pueblo cubano ". Y después arremetió con más fuerza aún: " ... sepan quienes voten el 24 por la fórmula del contubernio oligárquico - comunista, que con este acto entregan sencillamente su voto al señor Braden. La disyuntiva en esta hora trascendente es esta: o Braden o Perón. Por eso, glosando la inmortal frase de Roque Sáenz Peña, digo: Sepa el pueblo votar ".

   

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Del Prof. Rubén Alberto Chababo, licenciado en Letras, docente en la Universidad Nacional de Rosario, director del Museo de la Memoria de Rosario y de la Oficina de Derechos Humanos de la Municipalidad de Rosario, provincia de Santa Fe, en el libro Crítica del Testimonio, compilado por Cecilia Vallina, Biblioteca Tesis / Ensayo, editora Beatriz Viterbo, Rosario, 224 páginas, año 2008:

Uno de los fenómenos culturales y políticos más sorprendentes de los últimos años consistió en el surgimiento de la memoria como una operación central de la cultura y de la política de las sociedades occidentales, un giro hacia el pasado que contrasta de manera notable con la tendencia a privilegiar el futuro, tan característico de las primeras décadas de la modernidad del siglo XX. Esta idea del académico alemán Andreas Huyseen permite abrir mi reflexión en torno a la creciente importancia que el tratamiento de la memoria social, histórica y política ha ido teniendo en la Argentina de este final de siglo, algo evidente en la profusión de debates, polémicas o en la ampliación del horizonte bibliográfico que día a día intenta echar luz sobre diferentes períodos de nuestra historia nacional.

Los años comprendidos entre 1976 y 1983 no representan un período más de nuestra historia contemporánea sino un espacio de tiempo que ha dejado huellas e inscripciones perdurables en la trama social. Trauma histórico, la experiencia de la última dictadura ha mellado de tal forma nuestra cultura y nuestra vida cotidiana que se hace necesario con urgencia la creación de espacios que se aboquen no sólo al estudio y la reflexión específica en torno a ese tiempo histórico sino que además diseñen esfuerzos en la tarea de transmitir tanto lo que ocurrió y sus efectos como aquello que hizo posible que eso ocurriera. Si aceptamos la premisa que sugiere que una sociedad, cualquier sociedad, debería ser capaz de hacerse responsable no sólo por aquello que activamente promovió y apoyó sino incluso por aquello que fue incapaz de evitar, las miradas que puedan echarse desde nuestro tiempo histórico sobre el espesor de aquellos años podrán devolvernos una dimensión instructiva que hoy más que nunca, y a la luz de este nuevo siglo amenazado por la sombra de nuevos autoritarismos, se vuelve necesaria y urgente.

La creación del Museo de la Memoria en Rosario dedicado a indagar y profundizar en torno a ese tiempo histórico ha sido de vital importancia para la vida institucional y democrática de la ciudad ya que, frente al estrago que significa la pulverización de la memoria, el proyecto de erigir un sitio para el resguardo y transmisión de la historia reciente puede ser leído como una impostergable apuesta al futuro.

La experiencia ya acuñada por otros países o comunidades que atravesaron situaciones traumáticas para su tejido social ha servido de base a la hora de organizar un espacio dedicado a transmitir los efectos de la barbarie. En ese sentido, el Museo del Holocausto en la ciudad de Washington, el Museo de la Cruz Roja en Ginebra, el Memorial Yad Vashem en Jerusalem, el Museo de la Paz en Belfast o el del Genocidio del Pueblo Camboyano, entre otros, pueden ser considerados verdaderos paradigmas. Cada una de estas instituciones trabaja con escenas y episodios del pasado en peligro de extinción en la memoria colectiva, con documentación que no siempre se encuentra al alcance de los investigadores, con una materia compleja a la hora de pensar en su exhibición pública y con constantes desafíos desplegados frente a aquellos sectores sociales o políticos que intentan restarle importancia a la dimensión que supone la rememoración de la experiencia genocida.

En este sentido es importante no desconocer la dimensión inquietante que instituciones como éstas poseen: es en la escena social y política contemporánea donde ellas se insertan, es en el corazón de debates y polémicas aún no saldadas donde deben jugar su funcionamiento y es, además, en el seno de una sociedad que aún se resiste a aceptar la importancia de la revisión del pasado y a reflexionar, además, en torno a su cuota de responsabilidad para que éste llegara a ser posible.

Es sabido que, a pesar de haber transcurrido décadas del fin de la dictadura, la sociedad sigue mostrando cierta resistencia a querer involucrarse en la reflexión de aquellos años. Así, una de las funciones de nuestro Museo es la de proponer, desde sus diferentes actividades, la importancia de no dejar clausurado ese pasado mostrándolo en cambio como un tiempo que merece ser revisado de manera constante.

Como bien señala el investigador Marc Maure, refiriéndose a los nuevos modelos de instituciones, es necesario que el Museo logre definir su carácter de mediador institucional de la circulación social de la cultura y de la historia de la comunidad en la cual está inserto. Este concepto de mediación es una de las palabras clave que estructura nuestra propuesta en la medida en que pensamos que el Museo de la Memoria, lejos de quedar fijado en un afán memoralista del pasado, debe hacer esfuerzos, desde su labor transmisora, por impedir que ese pasado quede petrificado y por consiguiente, falto de inquietud o interés para quienes se acerquen a él en busca de un saber diferente del que el saber común o el mundo massmediático pueda proporcionarle.

A fines del año 1998 la ciudad de Rosario fue protagonista de un hecho singular: la creación de la Ordenanza municipal del Museo de la Memoria. El carácter singular de este acontecimiento no es otro que el de nacimiento por primera vez en territorio nacional de un Museo dedicado al Terrorismo de Estado, sostenido en su totalidad por un gobierno municipal.

Lograr la sanción de esta Ordenanza implicó un sostenido trabajo por parte de los Organismos de Derechos Humanos que desde hacía años venían reclamando la necesidad de crear una institución que cobijara la memoria de uno de los períodos más oscuros de nuestra historia reciente.

Fue a comienzos de marzo de 2001 que el Museo comenzó a funcionar de manera en un espacio provisorio cedido por la Secretaría de Cultura hasta tanto se pudiera lograr su instalación en un lugar que la Ordenanza establece como sitio definitivo de emplazamiento: la ex sede del Comando del II Cuerpo de Ejército, Córdoba esquina Moreno, base de operaciones entre los años 1976 - 1983 del plan de exterminio que se desplegó sobre la ciudad de Rosario y la región.

Tal como lo imaginaron sus fundadores, el Museo ha logrado convertirse en un espacio referencial en el contexto de las instituciones culturales de la ciudad de Rosario.

Si bien los Organismos de Derechos Humanos ya habían diseñado un camino fundamental en la escena pública, el Museo se abocó a la creación de espacios hasta el momento no contemplados en su accionar como lo son los de la investigación académica y el de la difusión sistemática de todo lo ocurrido en el período a través de cursos, seminarios de formación, exposiciones temporales, la creación de un archivo documental y el impulso a programas de construcción de un acervo testimonial.

Desde sus primeros tiempos de formación, los creadores del Museo, quienes lo imaginaron y trabajaron para hacer posible la sanción de la ordenanza de fundación, impulsaron el llamado a concurso abierto y público para cubrir los cargos directivos y técnicos de la institución, es decir, el de su dirección como el de los departamentos de museología, biblioteca y archivo e investigación, tres áreas sumamente sensibles e importantes sobre las que gira buena parte de la dinámica institucional. Cada una de esas convocatorias puso énfasis especial en que las personas elegidas pudieran demostrar un compromiso con los valores y misión que impulsa el Museo así como también acreditar un recorrido académico que garantizara el desempeño responsable de esas funciones.

El Museo está conformado además por un número importante de voluntarios, por una Comisión integrada por tres personalidades destacadas del campo de los Derechos Humanos elegidas por el Concejo Municipal y cuatro representantes de Organismos de Derechos Humanos quienes diseñan las políticas institucionales en coordinación con el Director.

Despegado de la idea que asocia a los Museos de este tipo con meros espacios de exhibición del horror, nuestra labor institucional insiste en remarcar la inutilidad de enfatizar exclusivamente ese aspecto de los años de la última dictadura ( 1976 - 1983 ) que depusiera al gobierno constitucional de Isabel Perón.

La conciencia de que aquellos años también estuvieron signados por acciones cívicas y actitudes cotidianas luminosas que pusieron de manifiesto que la condición humana también puede resplandecer en tiempo de oscuridad, el Museo trata de salvar del olvido esos fragmentos de historia demostrando el carácter ejemplar de hombres y mujeres, muchas veces anónimos, que siguieron creyendo y defendiendo los valores de la solidaridad, la libertad y la democracia en el corazón de los tiempos oscuros.

Dado que no hay estatamento de la sociedad que no haya conocido el impacto del régimen dictatorial, la labor reconstructora del Museo estudia el caso Rosario en particular, es decir, las formas en que sus habitantes y sus instituciones dieron cuenta de esa irrupción en su vida cívica. De allí que un espacio contemplado es el de la vida cotidiana y el de los efectos de la dictadura en el conjunto social a través de cambios de hábitos, costumbres, imposición de normas, etc.

El Museo se ha propuesto detener su atención en aquellos " casos testigo " cuyo estudio y relevamiento permite echar luz sobre otros episodios de la vida de esos años y que pueden constituirse en metáfora de la acción represiva, como es el caso del desmantelamiento de la Biblioteca Constancio Carlos Vigil ( 1977 ) en el plano educativo o el de las normas de convivencia urbana impulsadas desde las instituciones funcionales a la dictadura, como la Liga de la Decencia en el plano moral. 

Por otra parte el abordaje del fenómeno genocida no descuida establecer vínculos y relaciones con el resto de experiencias autoritarias que tuvieron lugar a lo largo del siglo XX tanto en el territorio latinoamericano como europeo.

Reconstruir esa oscura trama social e histórica permite poder entender de qué modo los sistemas autoritarios logran consolidarse gracias al aniquilamiento de toda forma posible de resistencia ( cultural, política ) y al consiguiente apoyo que le brindan diferentes sectores de la civilidad para lograr sus objetivos.

Así, a lo largo de estos años, el Museo ha diseñado un programa de acción que se despliega a través del tiempo. Ese programa incluye la formación y capacitación de personal para la realización de entrevistas, la creación de un archivo documental y bibliográfico específicamente centrado en Terrorismo de Estado y Derechos Humanos, y el impulso a la realización de muestras temporarias dedicadas a narrar diferentes aspectos del período histórico comprendido entre 1976 y 1983. Todas y cada una de estas actividades visualiza el espacio educativo de la ciudad, es decir , a las jóvenes generaciones, como los destinatarios privilegiados de su trabajo ya que la idea central sobre la que se estructura la misión del Museo es la de hacer que la memoria del horror sirva de aprendizaje respecto a los riesgos que supone para cualquier sociedad la pérdida de sus libertades y garantías constitucionales.

Estableciendo acuerdos y convenios de colaboración con los diferentes Departamentos de Investigación de las Facultades de la Universidad Nacional de Rosario como con otras organizaciones e instituciones nacionales y extranjeras que abordan la problemática del genocidio, el Museo ha logrado conformar una base sustentable de información que enriquece cotidianamente su dinámica institucional.

Los cursos de capacitación y formación que se ha venido brindando a lo largo de todos estos años, sumados a la creciente receptividad de sus propuestas por parte de docentes, investigadores y alumnos, confirma día a día la necesidad de la existencia de este tipo de espacios.

Si se tiene en cuenta que toda la sociedad post - genocida se caracteriza por una resistencia al abordaje de las razones y las consecuencias que la llevaron a cobijar en su seno un sistema de exterminio, es lógico que las dificultades no fueran pocas a la hora de consolidar el proyecto institucional. Un proyecto que en el caso del Museo de la Memoria de Rosario sabe de la necesidad de construir consenso sobre la base de las diferentes miradas que convoca ese período histórico, tanto sea la de los sobrevivientes, la de los historiadores, la de los familiares de asesinados y desaparecidos y la de las diferentes organizaciones de Derechos Humanos. Un consenso que implica atender a la diversidad de ideas y proyectos que cada uno de estos actores posee en torno a la complejidad que supone el resguardo de la memoria.

Cabe señalar que lograr una aceptación plena por parte de la comunidad es un desafío que implica muchos años de esfuerzo y trabajo. La fuerza impuesta por la teoría de los dos demonios y la sospecha constante que desde diferentes espacios  -  en especial los políticos y mediáticos  -  se vierten sobre los objetivos que impulsan las demandas de justicia, verdad y memoria, obliga a ocupar de manera constante un lugar en la escena pública demostrando de qué modo las consecuencias del terror de Estado no es tema del pasado sino que es parte de un presente que nos involucra dramáticamente a todos los ciudadanos. De allí que la dimensión pedagógica que el Museo se haya impuesto hacia el espacio ciudadano sea uno de los vectores centrales de su accionar, tratando de generar conciencia y reflexividad crítica acerca de los riesgos que suponen las políticas de olvido para cualquier sociedad contemporánea.

¿ Cómo hacer para que aquello que se pretende transmitir no se transforme, por efecto de la repetición, en una pieza cristalizada y muda que ya no diga nada a las generaciones más jóvenes ? ¿ Cómo hacer para transformar ese patrimonio del pasado en legado, es decir, en un repertorio de enseñanzas y de aprendizajes que sean de utilidad para pensar el presente y proyectar el porvenir ? Algunas de estas preguntas, algunos de estos interrogantes, sobrevuelan el cotidiano institucional. Son el acicate que evita la peligrosa tendencia a transformar el ayer en un territorio libre de intranquilidad, del que supuestamente todo ya se ha dicho y del que nada hay para extraer más que rituales. Por el contrario, la idea de pensar la última dictadura como legado a interrogar, permite evitar las cristalizaciones y brinda la posibilidad de transformar la lectura de la historia en aprendizaje, hacer del pasado un territorio de perpetua exploración y de sus protagonistas ya no héroes o mártires sino hombres de carne y hueso enfrentados o deglutidos por los dilemas y la violencia de aquel tiempo.

Esta apuesta sostenida en la interrogación perpetua del ayer se sostiene en el conocimiento que tenemos de lo sucedido por otras experiencias genocidas en el mundo, y del daño que ha causado a ellas la museificación.

Esto no significa, de modo alguno, que nuestro empeño vaya a ser necesariamente exitoso  -  eso lo sabrán las generaciones futuras  -, pero al menos habremos intentado diseñar un camino sostenido en la certidumbre de que la única forma de intentar revertir la repetición de lo monstruoso es conociendo las causas y las condiciones que lo hicieron posible de emerger entre nosotros.

*     *     *

DR. CARRILLO

Tapa del libro titulado " Santiago del Estero - Belém do Pará. Una vida, un destino ... Ramón Carrillo ", del docente e historiador Prof. Daniel Alberto Chiarenza, colección Biografías Noveladas, 310 páginas, numerosas fotografías e ilustraciones, Ediciones del Autor, Burzaco, Provincia de Buenos Aires, Argentina, año 2010.


Del Prof. Daniel Alberto Chiarenza, docente, investigador, escritor, columnista radial de temas históricos, autor del interesantísímo e insoslayable libro El olvidado de Belem - Vida y Obra de Ramón Carrillo, editorial Adrifer Libros, Buenos Aires, 200 páginas, año 2005:

  El papel del Dr. Ramón Carrillo el 17 de octubre de 1945 fue reservar y acondicionar una habitación en el 5º piso del Hospital Militar Central que ocuparía Perón. También debía entregar dos cartas confidenciales recibidas de manos del coronel Perón: una, al coronel Filomeno Velazco y otra, a Evita.

En los primeros meses de 1946 contraen matrimonio Ramón Carrillo y Susana Pomar, y fueron sus padrinos de boda Perón y Evita.

Sabiendo que ocuparía la Secretaría de Salud Pública, el Dr. Carrillo elaboró un preciso diagnóstico de la realidad sanitaria del momento. Por el trabajo concretado en esos días, el Dr. Carrillo recibió el mote de " padre de la Medicina Preventiva ".

El 23 de mayo de 1946, el Poder Ejecutivo provisional resuelve elevar a la categoría de Secretaría de Estado, con rango ministerial, el viejo e inútil Departamento de Higiene. El 29 de mayo, es nombrado el Dr. Carrillo como titular de la Secretaría de Salud Pública de la Nación, Perón lo confirmaría al asumir la presidencia.

En su discurso del día 4 el Dr. Ramón Carrillo reconoce el valor de todos los precursores que lo antecedieron desde el Departamento de Higiene: doctores Pedro Pardo, José Penna, Guillermo Rawson, Abel Ayerza, Ignacio Pirovano, Luis Güemes, Gregorio Aráoz Alfaro. En épocas de Yrigoyen, el doctor Agudo Avila estuvo cerca de la creación del Ministerio de Salud.

Carrillo entabló una sólida amistad con el Dr. Desiderio Papp ( quien, más adelante, sería el director de la Biblioteca del Ministerio de Salud y de la Escuela Médica de Postgrado ). Lo primero que solicita es que el gobierno ponga bajo la responsabilidad de la Secretaría de Salud la Ley de Medicina Preventiva, pensada para ser aplicada por el Instituto de Previsión Social pero que resultaba jurisdiccionalmente incorrecto.

Solicita a cada profesional que trabaja en el ministerio a su cargo ( Resolución 404 / 46 ) una " autobiografía ", donde predominaran los elementos de formación ética, más que los estrictamente técnico - profesionales.

El Dr. Germinal Rodríguez  -  proveniente del socialismo, y quien era su colaborador en la Secretaría  -  calificó a Ramón Carrillo como " el más importante sanitarista que ha dado la Argentina ". También fue una gran colaboradora la Sra. Gegé Ricardi, de antecedentes yrigoyenistas, quien trabajó junto al Dr. Pedro Cossio ordenando y clasificando las leyes de Previsión Social. Gegé fue, además, la supervisora de los hospitales del interior.

Todas las decisiones, charlas, proyectos y ejecuciones quedaron asentadas cuidadosamente en los Archivos de la Secretaría de Salud Pública ( se publicaron treinta números y, después, jamás el Ministerio de Salud editó un simple boletín informativo ).

Se deja de lado la costumbre de hacer historias clínicas de los enfermos, reemplazándolas por " historias sociales ", en la comprensión de que la medicina no puede ser más curativa, individual, bioquímica, sino que debe dársele a la ciencia una integralidad, introduciéndola en la problemática social.

Se le quita a la vetusta y degradante " Sociedad de Beneficencia " la posibilidad de control de algunos hospitales. La Secretaría de Salud Pública se asocia con la Fundación Eva Perón y comienza la febril actividad de inauguración de hospitales públicos ( vecinales, rurales, zonales, regionales ); pabellones de especialidades en los nosocomios existentes. Junto a los hospitales se crean centros urbanos, otorgando la facilidad de la compra de viviendas a los trabajadores de la salud.

Carrillo comienza campañas educativas con el fin de erradicar el flagelo de las enfermedades venéreas o de transmisión sexual.

Junto a la fundación de hospitales y clínicas, debemos apuntar la creación de institutos especializados: de Alergia, Cirugía Torácica, Tuberculosis, Hemoterapia, Tisiología, Neuropsiquiatría, Neurología, Oncología, Gastroenterología ( bajo la dirección del Dr. Carlos Bonorino Udaondo ), Dermatología, Odontología Infantil, otros Servicios Odontológicos, etc.

EL Dr. Carrillo hizo adquirir, para la Secretaría de Salud, la Imprenta Central, de donde saldrían libros, folletos y el Boletín del Día, publicación diaria con las novedades médicas, dirigida por el periodista Enrique Almonacid. De allí saldría el libro " Nace un Hijo ", en coautoría con Roberto Caminos y, posteriormente, las geniales y aún, insuperables obras de Carrillo: " Teoría del Hospital ", " Arquitectura Hospitalaria " y " Administración de la Salud ".

1947 es un año de innumerables realizaciones: Dispensarios de Vías Respiratorias, Centros de Salud, Sociedades de Bomberos Voluntarios, Centros Materno - Infantiles, Centros de Higiene Social, Centros de Oftalmología y Tracoma, Asistencias Públicas, Institutos de Luminotecnia y Optica.

Creó el Instituto Superior de Cultura Médica para capacitación de médicos sanitaristas; en ese mismo Instituto funcionaban las carreras de Asistente en Medicina Preventiva y Asistente en Medicina Mental. Allí también funcionaba la Escuela de Enfermería.

El 1º de julio de 1947 abrió la Conferencia Nacional de Brucelosis.

El 6 de octubre el Dr. Carrillo inauguró la 2ª Conferencia de Epidemiología y de Endemias, relativizando la importancia de la bacteriología y apuntando hacia la superlatividad que adquirieron las virosis.

Logró que el 2 de diciembre de 1947 nuestro país fuera sede de la Conferencia Panamericana de Defensa Sanitaria. Termina ese año desarrollando la Primera Conferencia Sanitaria Nacional en la cual se habló, preferentemente, sobre la lucha integral contra la fiebre palúdica. Carrillo pensó poner al frente del delicado tema de la erradicación del flagelo al jujeño Dr. Carlos Alberto Alvarado.

El 1948 adquirió la quinta " Villa Antares " ( el antiguo " Monte de Buschiazzo " ), entre Adrogué, Burzaco y Villa Calzada ( partido bonaerense de Almirante Brown ). Ejerció allí, vocacionalmente, la forestación y la floricultura artística, con el asesoramiento de Mario Constantini, quien poseía un vivero en Callao 21 en la Capital Federal.

Habilitó el leprosario de Diamante y humanizó el de la isla de Cerrito. Continúa inaugurando hospitales: se abrieron las puertas del Hospital Nacional de Odontología, del Instituto Central de Cardiología, de la Escuela Taller para Cardíacos, del Instituto de la Nutrición y del Instituto Nacional de Endocrinología aplicada.

Se abre el espectro de capacitación del Instituto Superior de Cultura Médica: técnicos sanitaristas, biotipólogos, enfermeros, instructores y visitadores sanitarios, psicopatólogos, bioestadígrafos, auxiliares de farmacia, auxiliares de laboratorio, técnicos radiólogos, técnicos quirúrgicos, guardias sanitarios y asistentes de medicina preventiva.

Gracias a la acción pedagógica de Carrillo, en poco tiempo salieron los primeros médicos higienistas o sanitaristas. Se produce la organización y reglamentación de la profesión médica con el dictado de normas y medidas reguladoras de la actividad profesional: la reglamentación de especialidades, juntas o consultas profesionales e interprofesionales; de ética y deontología; la organización gremial y el estatuto profesional; enfermedades profesionales y cuestiones de previsión.

Como consecuencia de la puesta en vigencia de la reforma constitucional de 1949 se elevó el número de ministerios y secretarías de Estado, por lo cual la Secretaría de Salud Pública pasó a ser Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social de la Nación. El Dr. Ramón Carrillo fue confirmado como ministro.

Elabora el " Plan Analítico de Salud ", que constaba de 4.000 páginas. Temas generales: Ley de bases del Código Sanitario; Semisocialización de la Medicina; Medicina Preventiva, Bio - Climatología y Termalismo; Lucha Anti - Reumática; Urbanismo y Saneamiento Rural; Asistencia Social al Cardíaco; Banco de Sangre; Asistencia Odontológica; Derecho Sanitario; Ayuda Médico Social, etc.

El 1º de enero de 1951, concluye el borrador del " Plan Sintético de Salud Pública " que abarcaba el período 1952 - 1958.

Para dar estructura administrativa al Ministerio de Salud, Carrillo se basó en un doble principio: centralización normativa y descentralización ejecutiva. De esta manera se planifica la regionalización sanitaria del país en la que participan las provincias, los municipios y las delegaciones regionales del Ministerio de Salud.

Produce una exitosa masificación de las campañas de vacunación antivariólica y antidiftérica. A esto se suman las barreras sanitarias en las fronteras, vacunando a todo inmigrante. Por la problemática de la tuberculosis, se realizaron catastros radiográficos en todo el país. El Ministerio de Salud Pública impone la obligatoriedad de presentar certificados de vacunación para ingresar en las escuelas, poder viajar o realizar cualquier tramitación pública.

Se inicia la espectacular campaña contra el paludismo, lográndose la definitiva erradicación con la simple utilización de la dedetización, y trabajando casa por casa y pueblo por pueblo, bajo la experta supervisión de los doctores Carlos Alberto Alvarado y Argentino Coll. Luego de tres años se disuelve la Dirección de Lucha Antipalúdica, transformándola en Dirección General de Sanidad del Norte, con otros objetivos sanitarios.

Se inicia la era de los antibióticos: sulfamida y penicilina, para ser utilizadas, preferentemente, entre otras enfermedades endémicas, en las venéreas. Carrillo firmó un decreto en 1947 para que se instalara la planta industrial de Laboratorios Squibb que tendría a su cargo la fabricación de penicilina en el país y a precios muy bajos.

Durante la administración Carrillo se logró un marcadísimo descenso del índice de mortalidad infantil, pasando del noventa por mil al cincuenta y cuatro por mil. Daban resultado los Centros Materno - infantiles, la promoción de la Educación Física ( se debía llegar a que todos los niños supieran nadar ), acompañados de una buena alimentación. En cuanto a la tasa de mortalidad, pasó del diez por mil  -  cuando tomó Carrillo la Secretaría de Salud  -  al 8,8 por mil cuando dejó la función pública.

Hacia 1950 estuvo a punto de concretarse la utopía del triunfo de la medicina preventiva, con los hospitales vacíos.

Se crearon: el Servicio de Hemoplasmoterapia, el Instituto Nacional del Quemado, la Guardia Central Sanitaria, el Centro de Bronco - esofagología, el Servicio Médico para la Confederación Argentina de Deportes, la Colonia " Cerdá " para Discapacitados Mentales, Servicios de Recuperación y Reintegración Psicofísica en las Colonias de Neuropsiquiatría de Open Door, el Instituto Nacional de Medicina Climática Hidrotermal, el Instituto de Prevención y Profilaxis de la Sordera, el Centro de Investigaciones del Glaucoma y de Enfermedades Inhalatorias, el Centro de Investigaciones de Enfermedades Toxicológicas.

Por una antigua preocupación de Carrillo  -  el costo de los medicamentos  -  se crea EMESTA ( Especialidades Medicinales del Estado ) que encara la fabricación de medicamentos sobre la base de la monodroga por lo que éstos bajaron sus precios. La fábrica quedó bajo la dependencia del Instituto Malbrán y fueron sus directores el doctor Fernando Andrés y Aníbal Cárdenas.

En su libro " Teoría del Hospital ", Carrillo compone la idea novedosa y revolucionaria de la " ciudad hospitalaria ". Llevó a la práctica la Dirección de Construcciones Sanitarias. Completó su pensamiento en materia de red hospitalaria.

En 1951, el ministro Carrillo crea el Departamento de Cibernología en el organigrama del Ministerio, que constaba de dos ramas: la de Biopolítica y la de Ciencias del Hombre. Los temas allí abordados fueron: Medio ambiente y Civilización; la Teoría del Grupo Social; la Decadencia de la Cultura; la Clasificación de la Ciencia; las Leyes del Progreso Social; Economía y Salud Pública; la Función Social de la Raza; Política Demográfica; Esquema de los Pueblos en Decadencia, etc.

Escribió dos trabajos mecanografiados que quedaron inéditos: " Introducción a la Cibernología y a la Biopolítica ( los espacios del hombre ) " y " Analyse elementaire des espaces de´homme. L´espace vital ou biologique ".

El 26 de julio de 1952, cuando falleció Evita, los hospitales que subvencionaba la Fundación fueron transferidos al Ministerio de Salud Pública, pero sin el correspondiente presupuesto. El 10 de noviembre de 1952 hizo imprimir un volumen donde presentó el Proyecto de Ley de Financiamiento Autónomo, intentando reglamentar el Fondo Nacional de Salud Pública, que había sido creado por Ley 13.012 con el objeto de garantizar ese financiamiento.

El Dr. Carrillo, junto con Perón, retorna a Santiago del Estero con motivo de celebrarse los 400 años de la fundación de la ciudad, en 1953. Su presencia dio lugar a que el Ejecutivo provincial lo declarara " huésped oficial de honor ", el halago le resulta contradictorio al galeno en virtud de ser oriundo de esta provincia. Mientras permaneció en su provincia natal visitó el Centro Sanitario y ayudó al director técnico, arquitecto Mario Alvarez, para que lo terminara lo antes posible. Ordenó la inmediata construcción de un campo de deportes y viviendas, decisión nada espontánea, sino inscripta dentro del Segundo Plan Quinquenal.

Además, desde hacía ya un tiempo, recorría todo el país el Tren Sanitario, otra forma de llevar a la práctica la medicina preventiva.

La excusa para desplazar a Carrillo del ministerio fue una vieja enfermedad ( hipertensión arterial maligna y progresiva ) que venía acarreando desde 1951. Más bien la cuestión fue política  -  sobre todo después de que el contraalmirante Alberto Teisaire se hiciera cargo de la vicepresidencia de la Nación  -. Como consecuencia de esta circunstancia, el 25 de junio de 1954, Carrillo presentó su renuncia indeclinable al Ministerio.

El 15 de julio, Perón anunció que habría una reestructuración en el gabinete que, obviamente, incluía al Ministerio de Salud, lo que le facilitaba la explicación de la " salida " del Dr. Carrillo del Gabinete.

El nuevo ministro de Salud fue el Dr. Conrado Bevacqua, quien pertenecía a los incondicionales que rodeaban a Teisaire.

Perón, convocó  -  a solas  -  a Carrillo para ofrecerle un organismo a su medida: la Dirección Centralizadora y Planificadora de Investigaciones Científicas y Técnicas. Carrillo, quien ya tenía comprometida su salud, desistió del ofrecimiento.

El 31 de julio de 1954, el presidente Perón le solicitó a Carrillo que fuera a estudiar un nuevo antibiótico a los Estados Unidos, lugar donde podría, por otra parte, encontrar un especialista para la atención de la enfermedad que padecía.

Sin saberlo, comenzaba el doloroso camino del exilio.

Cuando se planteó la remodelación del Hospicio de Hombres, Carrillo se llevó a su casa quinta de " Villa Antares " a un puñado de enfermos, hasta que se terminaran las obras. Puso en práctica con los pacientes una técnica que luego revolucionaría la ciencia psicológica: la laborterapia. Años más tarde, cuando triunfó " la Libertadora ", se imputó a Carrillo que " tenía hombres en su casa particular que trabajaban en la esclavitud ". Sin embargo, a partir de sus ideas, surgió la tecnicatura sanitaria de " terapista ocupacional ".

El 14 de octubre de 1954 fue el último día que pasó Carrillo en " Villa Antares ". Al día siguiente, él y su familia estaban a bordo de la motonave " Evita " que los trasladaría fuera del país.

Durante su estadía en Estados Unidos, para poder sobrevivir, dio algunas conferencias en la Universidad de Harvard. Estando en New York, entre el 8 y 9 de febrero de 1955 escribió las diez palabras simbólicas dedicadas a sus hijos Ramoncito y Facundo. Un imponderable le impide a la familia Carrillo abordar el buque que los traería a Buenos Aires.

Viajando en un automóvil, de New York a Boston, para concurrir a la consulta de un famoso cardiólogo, Carrillo se entera del golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955. Su regreso se transforma en imposible, pues por su participación destacada durante el " régimen depuesto " tenía captura internacional recomendada.

Las comisiones investigadoras de " la Libertadora " pretendieron incautar el pequeño patrimonio del Dr. Carrillo. El daño moral fue más importante que el material, pues el objetivo era desprestigiar la figura pública del científico y hacerlo aparecer como un vulgar malversador de fondos. Telegrafía a Buenos Aires con la intención de ponerse a disposición de la justicia ( producto del gobierno de facto ), gastando en ello sus últimos 80 dólares.

Carrillo consiguió la discreta ayuda de un senador norteamericano que recordó el tema de la ginger paralysis y le facilitó un trabajo en el Amazonas brasileño.

En noviembre de 1955  -  al llegar a Brasil contratado por la empresa multinacional Hanna Mineralization & Comp.  -  ejercerá como médico, sobre todo asistiendo a los indios caboclos en el campamento minero Aurizonia ( en medio de la selva ) a 150 kilómetros de Belem.

Declina su salud. Lo echan de su puesto en la compañía multinacional y se reserva un empleo ( ad honorem ) en el Hospital Universitario de la Santa Casa de la Misericordia, donde no hay demasiado lugar y debe atender debajo de la escalera.

Cuando los paraenses se enteran de la trayectoria del médico argentino, lo invitan a dar algunas charlas y, de tanto en tanto, lo hacen concurrir al Hospital de la Fuerza Aérea de Brasil, donde puede desplegar sus conocimientos de Neurología y Administración hospitalaria.

Pasa, así, sus últimos meses de vida en la más incomprensible de las miserias en Belem do Pará ( en la baja do Marajó, desembocadura del Amazonas, Brasil ).

Escribe una carta desesperada a su amigo el periodista Segundo Ponzio Godoy.

Le envía al Dr. Desiderio Papp lo que sería su último escrito: " Teoría geral do homen. Temario do curso a reliçaese Faculdade de Direito de Pará ( para post graduados de Medicina, Direito e Filosofía ) ".

En marzo de 1956 es consciente de que le quedan pocos meses de vida. Mientras tanto, su hermana  -  Carmen Antonia, a quien Ramón, cariñosamente, llamaba " Chata "  -  trata de hacer entender a " los libertadores " que su hermano no se llevó un solo centavo, que durante diez años en la función pública pasaron 5.000.000.000 de pesos por sus manos, y la quinta de Adrogué aún se la debía a los bancos Hipotecario y Provincia de Buenos Aires.

El 28 de noviembre de 1956, el Dr. Ramón Carrillo sufre un accidente cerebro - vascular ( su presión arterial trepa a los 26 - 15 ), dejándole paralizada la mitad izquierda del cuerpo ( según le informa, desde Caracas, Perón a Cooke en su habitual correspondencia ). Lo internan en el pequeño Hospital Aeronáutico de Belem. Su hermano Santiago llega en los minutos finales de vida, cuando también recibe un telegrama del eminente neurocirujano brasileño Dr. Eliseu Paglioli donde se informa que el Dr. Ramón Carrillo ha sido designado profesor en la Universidad de Porto Alegre.

Su hermano Santiago y su esposa Susana, sentados al borde de la cama de Ramón Carrillo, se dieron cuenta de que tal vez algo, el humanista estuviera comprendiendo. Entonces Santiago se incorporó llamándolo: " Ramón ... Ramón ... " y diciéndole algunas cosas en dulce acento seseado santiagueño. Carrillo ya no podía responder, pero lo tomó de la mano fraterna y le hizo a Santiago una leve presión.

Carrillo falleció, a los 50 años de edad, 20 de diciembre de 1956.

Los diarios argentinos del momento  -  los pocos que se animaron a dar publicidad de la noticia  -  en escuetísimas palabras, con letras poco visibles  -  daban cuenta de la triste noticia.

El Dr. Ramón Carrillo fue un grande de la ciencia universal, vilipendiado y sospechado en su honor, por el solo hecho de haber pertenecido a un gobierno peronista.

Otro cirujano magistral y reconocido en el mundo entero fue Ricardo Finochietto, también colaborador del " régimen depuesto ", director del Policlínico Presidente Perón de Avellaneda, quien dijera cierta vez en un reportaje: " En los años que llevo, el único que me dió todos los medios para poner la alta cirugía al alcance del pueblo entero fue Perón ... ¿ qué hay de malo entonces si soy peronista ?

Agreguemos al famoso Dr. José Arce, embajador en las Naciones Unidas y en Estados Unidos, sumado consecuentemente a la empresa social de Perón.

Después del golpe de septiembre de 1955 fueron proscriptos negados y ultrajados, aunque ninguno de ellos haya cumplido estrictamente funciones políticas, sino más bien científicas humanistas.

Lo imperdonable había sido estar al lado de Perón. Nunca les pudieron perdonar esta libertad de elección y el no renegar de sus preferencias políticas. La valentía no se perdona cuando la justicia está en manos de los cobardes. Fueron perseguidos, humillados y hasta despojados de lo que les correspondía muy anteriormente al hecho de haber elegido al peronismo como actitud de vida. Tuvieron que " optar " entre el camino del exilio o del ostracismo en su propia patria.

Carrillo, sin imaginárselo, fue conducido a un corto y sinuoso camino del exilio. Se afincó en Belem do Pará como un desconocido, precisamente aquél que no había ganado su fama con el peronismo, sino que la había conseguido mucho antes de aparecer el movimiento histórico: con su idoneidad y sapiencia, con su prestigio profesional, con la precisión de su bisturí.

Sus restos tuvieron que esperar años para ser trasladados desde el cementerio de aquella ciudad de Brasil a la Argentina.

Padeció el exilio con entereza. Nadie pudo hacerle justicia. Sus pares no pudieron reivindicarlo. Pero los dueños del rencor y del odio no tuvieron en sus planes que un pueblo no olvida a sus hijos dilectos.

Fueron sus coterráneos santiagueños los que se pusieron al frente de la reivindicación y formaron la " Comisión de Homenaje al Dr. Ramón Carrillo ", presidida por otro médico, el Dr. Humberto Carral Tolosa, conocedor de las " bondades " de la cárcel por ser peronista. Pero, como seguramente hubiera querido Carrillo, todo este movimiento no fue una simple reivindicación partidaria, sino que hombres y mujeres profesionales y no profesionales, pertenecientes a todos los estratos sociales, apoyaron incondicionalmente la iniciativa.

El gobierno de la provincia de Santiago del Estero, circunstancialmente en manos del Dr. Carlos Alberto Jensen Viano, suscribió un decreto, el Nº 269  -  del 6 de marzo de 1972  -, mediante el cual disponía que el Hospital Regional de Santiago del Estero llevara el nombre de Doctor Ramón Carrillo. Luego, frente al nosocomio, fue inaugurado un busto del más grande sanitarista de todos los tiempos.

El Dr. Carral Tolosa declaró ante el periodismo local:

" Traeremos los restos de Carrillo. No es justo que una eminencia científica como ha sido él, no repose en su país. Ya demasiado ha sufrido viviendo en Belem como un oscuro mediquito de una empresa ... "

Dieciséis años después de fallecido, 14 de diciembre de 1972, se repatriaron sus restos mortales, los que fueron transportados en un avión Hércules T C 66 de la Fuerza Aérea Argentina. Finalmente, fueron sepultados en la tierra santiagueña que lo vio nacer.

Uno de los que conformó aquella Comisión de Homenaje propiciada como se dijo, fundamentalmente, por sus hermanos santiagueños  -  que tantos esfuerzos prodigaran para hacerlo posible  -  fue el Dr. Raúl Floreal Matera. Entre los que participaron de la recepción de los restos de Ramón Carrillo en el Aeroparque metropolitano, estuvieron el historiador Fermín Chávez y el Dr. Floreal Ferrara.

Merece un párrafo aparte el Dr. Matera  -  quien realizó la alocución necrológica junto a la bóveda familiar en el cementerio de Santiago del Estero  -  que hacía tiempo que había comenzado a trabajar por la reivindicación de la memoria del inmortal santiagueño y él mismo había promovido la formación de una Comisión Nacional de Homenaje ( en forma concomitante con la regional santiagueña ), cuya presidencia honoraria compartió con el Dr. Carlos Argañaraz y cuya presidencia estuvo a cargo del Dr. Humberto Carral Tolosa.

No sólo se logró repatriar sus restos, sino que le devolvieron el título de Profesor Titular de Neurocirugía, el cual se puso inmediatamente en manos de su esposa, Susana Pomar, y de su madre, María Salomé Gómez Carrillo.

Un año antes, en junio de 1971, la memoria del eminente sanitarista recibió el homenaje público de sus compañeros: se había bautizado con su nombre a la Escuela de Capacitación Sindical de los Empleados del Tabaco.

Por esos días se hizo lo propio con el moderno Hospital de San Martín de los Andes y con el Instituto de Neurocirugía de la Universidad de Buenos Aires.

" Desde su labor ministerial, puede dividirse la política nacional sanitaria en dos épocas: antes y después de Carrillo ", frase que dejara inmortalizada su colega, el Dr. Raúl Matera.

Cabe, finalmente, una reflexión sobre su vida que dejamos en la erudita pluma de Sor Juana Inés de la Cruz, pues con justeza de palabras hecha poesía retrata de cuerpo entero a Carrillo:

En perseguirme, Mundo, ¿ qué interesas ? 

¿ En qué te ofendo, cuando sólo intento 

poner bellezas en mi entendimiento 

y no entendimiento en las bellezas ? 

Yo no estimo tesoros ni riquezas; 

y así, siempre me causa más contento 

poner riquezas en mi pensamiento 

que no mi pensamiento en las riquezas. 

Y no estimo hermosura que, vencida, 

es despojo civil de las edades, 

ni riqueza me agrada fementida, 

teniendo por mejor, en mis verdades, 

consumir vanidades de la vida  

que consumir la vida en vanidades. 

Nota:

Para ver diversas imágenes del Dr. Ramón Carrillo, en una página Homenaje, clickear, por favor,  aquí.

Y para conocer sobre Bibliografía de Evita, clickee aquí.

*     *     *

De Herman Schiller, conductor radial, docente, periodista y escritor, autor del libro Momentos de luchas populares, de la colección Desde la Gente, ediciones del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Buenos Aires, 128 páginas, año 2005:

Los golpes de Estado contra los gobiernos constitucionales de América latina suelen contar, por lo general  -  y casi diría sin excepción  -, con el padrinazgo imperial, para restaurar la égida de sus intereses ( cuando algún presidente más o menos democrático, decidido a llevar su republicanismo más allá de lo aconsejable, intenta calar en los resortes de la dependencia ) o para " devolver el orden " e " impedir el desborde subversivo " ( cuando se trata, como en caso de Isabel Perón en la Argentina, de gobiernos debilitados, que estaban perdiendo gradualmente la concepción tradicional del vocablo " poder " y ya no lograban controlar el ascenso reivindicativo de las masas ).

En tales ejemplificaciones, quienes promueven el derrocamiento de gobiernos electos necesitan abonar su ilegitimidad a partir de condiciones objetivas aptas que hagan parecer inevitable la salida de los cuarteles y reduzcan al mínimo el impulso de la resistencia.

En otras palabras: necesitan generar un clima psicológico previo para justificar la quiebra del orden jurídico.

En las vísperas del feroz pronunciamiento militar de 1976 en nuestro país  -  que institucionalizó el terrorismo de Estado, aunque, de hecho, ya había entrado en vigencia a partir del lopezreguismo, la Triple A y la guerra desatada contra los que pugnaban por darle contenido transformador a la etapa populista  -, los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas no tuvieron que esforzarse demasiado para crear ese " clima ", porque en una sociedad como la argentina, que en su piel lleva internalizadas varias décadas de autoritarismo, no resultó difícil, particularmente en la maraña de los estratos medios, incrustar la convicción de que sólo la marcha de las bayonetas hacia la Casa Rosada podía frenar el " caos " y la " acefalía gubernamental ".

Los medios masivos de comunicación fueron sumamente vitales en esos días para inducir a la opinión pública.

Un ejemplo: el aviso gigante, de espacio extenso y generoso, suscripto por una ignota Liga Pro Comportamiento Humano, denominación que, obviamente, escondía uno de los tantos disfraces a los que suelen acudir los " servicios " para hacer más operativos sus objetivos. El anuncio, publicado en casi todos los medios gráficos del 21 de marzo de 1976 en tamaño desusado ( los gerentes administrativos, ávidos de cosechar avisos rentables, no suelen evaluar sus efectos políticos ), incluía la figura de un soldado joven observando tiernamente al lector; y, a continuación, surgía una breve invocación  -  redactada con la habilidosa capacidad de síntesis que caracteriza a ciertos creadores publicitarios aacostumbrados a promover cualquier producto, desde un jabón o un corpiño hasta un golpe de Estado  -, cuyo texto decía sencillamente así:

" No estás solo. Tu pueblo te respalda. Sí, no es sencilla la lucha. Pero saber de qué lado está la verdad lo hace más fácil. Tu guerra es limpia. Porque no traicionaste, porque no juraste en vano. Porque empuñas la verdad en tu mano, no estás solo ".

La decisión de los militares de barrer incluso con los formalismos constitucionales había sido adoptada, evidentemente, mucho antes.

Y no tuvieron necesidad de ocultarlo demasiado, sobre todo cuando los sectores intermedios  -  esa capa poblacional argentina que, según la oportunidad, puede oscilar desde una fantasía de liberación a un proyecto corporativo  -, pedía a gritos que los tanques salieran a la calle a " poner orden ".

Esa atmósfera la completaban muy bien los distintos rotativos con titulares y comentarios motorizando una imagen de hundimiento nacional.

Atmósfera que culminaría cuando algunos de ellos, como La Tarde ( aquella experiencia de vespertino populista que tentó a Jacobo Timerman cuando aún no sospechaba que sería torturado y vejado muy pronto ), anunció el golpe casi con milimétrica precisión.

La Razón ( desde mucho antes bajo control político total de las Fuerzas Armadas, el 23 de marzo de 1976, en sus ediciones 5ª y 6ª, en vísperas del derrocamiento de Isabel Perón, insertó un título ( y La Razón  era uno de los tantos diarios que en aquellos días editorializaba a través de sus titulares ) que resumía toda la furia de sus instigadores: " Es inminente el final. Todo está dicho ".

En esos momentos, sin embargo, los laureles se los llevó La Opinión, el mismo diario que en los cinco años anteriores ( había sido fundado en 1971 ) produjera cambios en la concepción periodística y, a la vez, fuese también testigo contradictorio de los vaivenes y zigzagueos del campo democrático y popular ( apoyó a Cámpora, por ejemplo, con discursos de izquierda y enfrentó a López Rega ). Ese mismo diario, que se ufanaba de antifascista, se convirtió en los umbrales del golpe de Estado en uno de los sostenedores intelectuales de la quiebra del sistema constitucional. Y más tarde llegó incluso a presionar a la Internacional Socialista para que no evaluara a Pinochet y a Videla con la misma vara, porque sostenía que " en la Argentina no había otra alternativa ".

Intentar una explicación ahora llevaría un libro completo  -  por la complejidad de factores que se sumaron a los fantasmas y miedos que, por entonces tipificaban a la clase media  -, pero basten para la ocasión algunas ejemplificaciones. 

El 21 de marzo de 1976, por ejemplo, tres días antes del golpe, La Opinión ( en un comentario de primera página ) exaltaba la belicosidad militar con una parábola delirante:

" San Martín llegó al país para la guerra sin prejuicios ni timideces " y " sólo ganando esa guerra se aseguraba a los argentinos lo que la política no había podido ni estaba en condiciones de darles: libertad y seguridad ".

Pero eso no era todo. El 23 de marzo La Opinión resaltaba el virtual untimátum que en las vísperas de la Navidad anterior había lanzado el general Jorge Rafael Videla desde Tucumán ( " El orden y la seguridad de los argentinos deben vencer a la inseguridad " ), recordando en tono admonitorio que ese explícito llamado al alzamiento " mañana cumple noventa días ".

Paralelamente el diario de Timerman priorizaba todas las declaraciones de políticos y organismos que realizaban la apología del " No va más ".

Un par de ejemplos:

" Todavía pasarán cosas graves; la solución argentina es la combinación Fuerzas Armadas - pueblo y la unión tiene que ser esa antes que la de CGT - pueblo ", 21 de marzo, página 14.

" Con una serenidad parecida a la resignación, los escasos legisladores presentes ayer en la Cámara de Diputados dejaron que la tarde transcurriera mientras la inminencia de una toma de poder político nacional por parte de las Fuerzas Armadas ocupaba hasta el último resquicio de sus expectativas ", 23 de marzo, página central.

Más adelante  -  desalojada Isabel Perón por la Junta Militar, y José Alfredo Martínez de Hoz promoviendo su política de desmantelamiento de la economía nacional  -  La Opinión ( con lenguaje más culto que La Prensa, La Nación, Clarín, La Razón y Crónica, cuyos textos eran furiosamente represivos ) se lanzó igualmente a una apología del nuevo curso de los acontecimientos que habían irrumpido para " cubrir la irreparable pérdida del sentido de grandeza y de fe " y, lógicamente, para " asegurar la total recuperación del ser nacional ".

Pero más allá de su trascendente influencia en la creación de una psicosis colectiva, no sólo los medios fueron cómplices de lo que ocurrió.

Otras fuerzas y otros factores pusieron lo suyo ( por acción u omisión ), como el burócrata del Sindicato de Obreros Navales, Ricardo de Luca, quien el jueves 18 dijo que " los únicos responsables de la inevitable salida militar son los dirigentes políticos y los obreros ".

O el inefable doctor Antonio Trócoli ( entonces diputado y luego ministro del Interior de Raúl Alfonsín ), quien, al ser interrogado por un periodista en los pasillos del Congreso Nacional, un día antes del golpe de Estado, aceptó la inminencia del pronunciamiento y musitó: " Ya no hay tiempo político ".

O las propias 62 Organizaciones que, apenas algunas horas previas a la caída de Isabel Perón, se animaron, es cierto, a denunciar la campaña golpista, pero sin poder soslayar  -  ni siquiera en ese momento  -  una de las fijaciones que las han caracterizado siempre: " El movimiento obrero siente un profundo respeto por sus Fuerzas Armadas porque no ignora que sus filas se nutren de nuestros hijos ".

O el Movimiento de Orientación Reformista ( MOR ), agrupación estudiantil que, en vísperas del golpe militar, envió una carta púbica al general Jorge Rafael Videla para repudiar el atentado contra el Edificio Libertador. Ese documento que fuera elogiado por La Opinión, 23 de marzo, página 7, criticaba la política peronista en materia universitaria y terminaba solicitando al Ejército " un programa de emergencia para la Universidad ", que debería integrar otro de carácter nacional, con la participación de " todos los sectores políticos, gremiales, sociales, civiles y militares en forma unida y previa discusión democrática ".

Después del alzamiento, al desencadenarse la locura genocida que secuestró, torturó, mató y hechó por la borda los escasos pruritos jurídicos que aún se mantenían indemnes en la " etapa anterior ", la Junta Militar  -  abiertamente recibía la bendición del arzobispo de Paraná, vicario castrense y presidente entonces de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Adolfo Cervantes Tórtolo, que instaba a " cooperar positivamente " con el nuevo gobierno militar a fin de " reinstaurar definitivamente el auténtico espíritu nacional ".

Y en esas mismas mismas circunstancias, monseñor Tórtolo aclaró: " La Iglesia tiene su misión específica y la jerarquía será siempre fiel a ella. Sin embargo, hay circunstancias en las cuales no puede dejar de participar aun cuando se trate de peroblemas que hacen al orden específico del Estado ". Estas declaraciones de monseñor Tórtolo fueron pronunciadas apenas concluyó, el jueves 24 de marzo de 1976, su entrevista con los comandantes de las tres armas, el general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Massera y el brigadier Orlando Agosti.

También en el campo internacional cundió el oportunismo y la complicidad.

No hace falta explicar demasiado que el gobierno norteamericano, presidido entonces por Gerarld Ford, se apresuró a reconocer a las nuevas autoridades militares apenas asumieron el poder.

Pero lo que resultó más llamativo fue la coincidencia que tuvieron los diarios de distinto origen para cantarle loas a los militares argentinos.

Por ejemplo, el Frankfurter Allgemeine Zeitung de Alemania señaló que " la anarquía en la Argentina y la esperanza de cambios positivos hacen más llevadera la pérdida de los derechos constitucionales ", en tanto que el Magyar Nemzelt ( de Budapest, Hungría ) producía nada menos que el siguiente comentario: " La intervención militar es la consecuencia inevitable de una política desafortunada. La incapacidad política y la corrupción hicieron posible e incluso necesario la intervención de los militares ".

Por su parte Abu Zeid Omar ( subsecretario de Negocios Extranjeros del gobierno de Muammar Khadafi y figura clave en las tratativas comerciales desarrolladas en 1974 por José López Rega en Libia ) enfatizó sin inhibiciones desde Trípoli: " El cambio de gobierno que acaba de producirse en la Argentina pondrá término al caos político, económico y social que ha afectado al país en el último tiempo. Ese caos ha tenido repercusiones negativas en las relaciones entre los dos países, porque ha retrasado la aplicación de los convenios concluidos hace ya largo tiempo ".

El Partido Comunista  -  muy lejos aún de la autocrítica que desarrollaría más tarde  -  decía cosas como estas ( en su periódico Tribuna Popular, Nº 10 ): " El terrorismo de ultraizquierda está inspirado en el trotskismo y el anarquismo y sus adherentes están animados por la impaciencia de los sectores pequeñoburgueses ".

Estos son algunos de los hitos mediáticos y políticos que jalonaron el golpe de Estado de 1976 y su preparación a través de aquellos resortes destinados a moldear la opinión pública.

Enseguida se desencadenaría sin solución de continuidad y desde el aparato estatal, la muerte y el horror. Comenzaba asi el combate desigual y casi solitario de los pañuelos blancos contra la prepotencia uniformada.

 

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Textos cortesía de Carlos Vitola Palermo de Rosario, Santa Fe, República Argentina.

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