DOCUMENTOS SOBRE EVA DUARTE DE PERON 


Eva Ibarguren EVA IBARGUREN EVA DUARTE EVA PERON EVA PERON EVA PERON EVA PERON

María Eva Duarte de Perón / Evita. Argentina 1919-1952

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HISTORIAS, ANECDOTAS y TESTIMONIOS 

Evita en el Hogar de Tránsito Nº 2, hoy Museo Evita, Lafinur 2988, Buenos Aires

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De Jorge Adolfo Jaroslavsky, sociólogo, docente, escritor, autor de La educación argentina, fascículo, editorial Centro Editor de América Latina ( CEAL ), Buenos Aires, con ilustraciones, 28 páginas, año 1972:

Entre 1943 y 1946 hubo tres presidencias de facto. Por dos días, la del general Arturo Rawson, que designó como ministro de Educación a Horacio Calderón. Tan efímera actuación no dejó ninguna huella, y un nuevo golpe militar dentro del golpe ya triunfante, los depuso, siendo designado nuevo presidente provisional el general Pedro Pablo Ramírez. Fueron sus ministros de Educación: el general Elvio Anaya, Gustavo Martínez Zuviría ( conocido también con el nombre de Hugo Wast ) y Honorio Silgueira.

A su vez el general Ramírez fue obligado a renunciar y asumió la presidencia provisional el general Edelmiro Julián Farrell. Tuvo como ministros de Educación a Honorio Silgueira y José Astigueta. Todo este período constituyó, en lo que a educación se refiere, una unidad. La Iglesia Católica tuvo activa participación en la apoyatura a los sucesivos gobiernos emanados del golpe del 4 de junio de 1943, y recibió a cambio importantes beneficios: la enseñanza religiosa obligatoria en las escuelas, el principal.

Las condiciones creadas con la finalización de la Segunda Guerra Mundial y la derrota de la Alemania nazi, obligó a buscar una salida. Las ideas del fascismo, ampliamente difundidas entre los integrantes del Ejército, tuvo su parte en la conspiración del 4 de junio de 1943.

La salida fue viabilizada en torno a un militar miembro del G.O.U. ( logia dominante en el Ejército ): el coronel Juan Domingo Perón.

Prescindiremos de la enumeración de los sucesos que llevaron a Perón a la Presidencia de la Nación, por ser ellos suficientemente conocidos. Simplemente nos hemos de referir a la acción desarrollada en el terreno de la educación. Es necesario, sin embargo, advertir que estos años fueron de una importancia fundamental para el país.

La etapa peronista ( 1946 - 1955 ) constituye una época en la que se incorporan a la sociedad argentina numerosas conquistas de tipo social, las cuales eran una exigencia impostergable, destacándose el accionar de la esposa del presidente, Eva Perón.

Al considerarse la educación como fenómeno que tuvo un auge en el peronismo, debe discernirse bien entre los aspectos cuantitativos y los aspectos cualitativos: una democratización en cuanto a la ampliación de las posibilidades de acceso no bastaría; sería también fundamental un análisis de los contenidos.

Fueron ministros de Educación en estos años los siguientes: Belisario Gache Pirán, Oscar Ivanissevich durante la primera presidencia de Perón ( 1946 - 1952 ) y Oscar Ivanissevich y Armando Méndez San Martín durante la segunda presidencia ( 1952 - 1955 ).

La tarea de creación de establecimientos educativos fue realmente grande:

Desde 1946 hasta 1954, para la enseñanza media, se crearon un total de 343. Es interesante considerar las cifras discriminadas por modalidades: 162 secundarios ( nacional y liceo ), 137 escuelas técnicas y 15 escuelas - fábricas. Las restantes es muy difícil de discriminar en base a las cifras y datos existentes.

En la enseñanza universitaria se produjo un gran aumento de la matrícula, al eliminarse los exámenes de ingreso y establecerse la gratuidad de la misma; pero el principal aumento fue en las carreras tradicionales, como abogacía y similares. Una de las principales realizaciones lo constituyó la creación de la Universidad Obrera - luego transformada en la Universidad Tecnológica Nacional -, que constituía la culminación de un sistema de enseñanza que se fue desarrollando durante los gobiernos peronistas.

En lo que se refiere a la educación primaria, fueron creadas muchísimas escuelas; aumentó la escolarización pero aumentó la deserción.

Se crearon aproximadamente unas 2.000 escuelas primarias ( pasaron de 13.576 en 1946 a 15.996 en 1955, con 74.595 y 111.736 maestros, respectivamente ). Además es preciso señalar que se realizó una política de construcciones escolares coherente, en especial durante los años que van desde 1948 hasta 1952.

Esta política de construcciones escolares merece ser considerada más detenidamente. En efecto, fueron construidas escuelas en gran cantidad. La característica de estas escuelas era que poseían varias aulas, aún las ubicadas en apartados lugares del interior, lo que evidenciaba un interés en lograr no solamente una mayor tasa de escolarización, sino impedir la deserción originada en la imposibilidad de recibir más instrucción que dos o tres grados, en pequeñas escuelas rurales de un maestro o similares. Lo interesante de esta política de costrucciones escolares es que comienza y termina rápidamente: pareciera que cuando no hubo ya la posibilidad de disponer de fondos, porque la situación financiera gubernativa estaba deteriorándose, se suspendió casi por completo la construcción de nuevos edificios.

En una investigación realizada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires ( UBA ), trabajo publicado parcialmente en la Publicación Interna Nº 86 del Instituto de Sociología, La Educación en Tucumán, de la Licenciada María Farrés y otros, año 1970, se puede apreciar que durante los años mencionados ( 1948 - 1952 ) fueron construidas más escuelas con más aulas que en todos los períodos anteriores. Posteriormente, lo realizado en esta materia es poco, y menos aún a partir de 1966. Este hecho marca una de las características de la etapa peronista en la educación: se realizan progresos materiales sumamente importantes, hasta tal punto que el esfuerzo superó lo realizado anteriormente.

Paralelamente, en los datos de dicho trabajo se puede ver que se produjo un considerable aumento de la tasa de escolarización, o sea del porcentaje de los niños en edad escolar incorporados efectivamente al sistema. Pero, y esto es lógico, se produjo un incremento de la tasa de deserción. No existen cifras exactas de la magnitud de este fenómeno de la deserción escolar en el período peronista. Las causas de esta deserción deben buscarse principalmente en razones de tipo social: situación familiar, necesidad de trabajar, etc. Las causas internas del sistema, sin ser despreciables, tienen una incidencia mayor.

Es importante considerar en un análisis del sistema educativo primario, las cifras cuantitativas. Es decir, tasas de escolarización, tasas de repetición, tasas de deserción. Pero, evidentemente, eso no es suficiente para realizar una valuación del mismo sistema. Importa sustancialmente qué se enseña. Y es este aspecto donde el peronismo no pudo hallar una solución adecuada al problema. Es en los contenidos de la enseñanza en donde se nota la endeblez con la que el gobierno encaró el problema educativo, es decir, los conocimientos no muy acordes con las necesidades regionales, sociales y nacionales.

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De José Cafasso, escritor, historiador, autor del trabajo titulado Balance de una década ( 1946 - 1955 ), editado por CEAL ( Centro Editor de América Latina ), con ilustraciones, 26 páginas, año 1972:

En nuestra historia contemporánea son frecuentes los estudios que insisten que con el 6 de setiembre de 1930 comienza la etapa militarista, englobando y disolviendo así, con marcada intención, períodos que por su contenido tienen enfoques opuestos de la realidad argentina.

En rigor de verdad con el año 1930 se incia otra etapa de ilegitimidad, caracterizada por el retorno al poder de la oligarquía liberal, apéndice ahora de la crisis de la " división internacional del trabajo ", período que habrá de perdurar hasta el 4 de junio de 1943, fecha en que las fuerzas argentinas retoman el camino de la política nacional y democrática, dicho esto como contraposición a las políticas de minorías o más claramente a la política de la oligarquía.

Puede afirmarse que no es posible entender la década si se carece de un enfoque global del período que el pensador y escritor José Luis Torres denominó la " Década Infame ", y tampoco resulta clara esta época si no se tiene una comprensión del significado histórico del radicalismo, porque en estas dos expresiones polítcias y sociales se encuentran los secretos de las corrientes dialécticas de la Argentina. Técnicamente puede afirmarse que estas corrientes del pensamiento político concuerdan con la configuración clásica de oligarquía y democracia, cada una con su concepción ínsito de la Justicia que Aristóteles desentrañó a partir del análisis del rol asignado a la comunidad por el sector social dominante que es el que en definitiva conforma el régimen político.

La Década Infame vuelve al rol asignado al país de periférico y dependiente, el que pudo ser posible mediante la estructura oligárquica del poder, vale decir haciendo a su imagen y semejanza la Constitución del 53, que sólo podía prosperar creando las bases operativas para excluir del acto soberano la voluntad de las mayorías mediante el fraude, para el mismo fin que en otro tiempo se utilizó el voto cantado, situación que explicó la enconada labor revolucionaria que durante medio siglo mantuvo Hipólito Yrigoyen.

La persistencia de la política de ilegitimidad de las oligarquías había comprometido al país en una crisis de tal naturaleza que ya no quedaba sector del quehacer nacional afectado por el sistema, carente ahora de capacidad de maniobra.

El sentido que otorgamos a la categoría ilegitimidad está dado en razón y en la medida en que la fuente del poder no proviene del consentimiento soberano del pueblo sino del acto arbitrario de un sector, el que gobierna según sus intereses asignados a toda la comunidad.

En el 43, mientras la estructura tradicional exhibía en la superficie la lucha por la sucesión del poder entre corrientes antagónicas que pugnaban dentro del sistema, alimentados por los ingredientes contradictorios de la guerra mundial, con las expectativas del comercio agro - importador; y mientras los servidores del capital extranjero y de la cultura disputaban sus prestigios, otro país no integrado, producto del fenómeno de la industrialización, flotaba haciendo sentir los beneficios de la reducción de la dependencia. Todo hacía presagiar que lo " formal institucionalizado " y " lo no integrado " tenían que presentar batalla.

En un elaborado trabajo el escritor, docente, ensayista y político argentino Juan José Hernández Arregui ( 1913 - 1974 ) ha descripto con rigor científico este período mostrando los esfuerzos, las luchas sociales, culturales, los conflictos ideológicos y los movimientos que contribuyeron a " La Formación de la Conciencia Nacional ", acertado título de su libro.

Una sucesión de episodios de trámite acelerado aportan a los hombres del Ejército la acción necesaria al esclarecimiento de esa nueva conciencia, dando nacimiento al famoso G.O.U.( Grupo de Oficiales Unidos ), organismo que asume la responsabilidad de imprimir al país la estrategia del cambio revolucionario enderezado hacia la industrialización.

El proyecto de la transformación industrial del país reconocía importantes antecedentes en el Ejército a partir de la experiencia del general Enrique Mosconi, quien inicia, con Yacimientos Petrolíferos Fiscales ( YPF ), el desarrollo energético de los combustibles líquidos, a lo que corresponde agregar la Fábrica de Aceros del Riachuelo, La Ley de Fabricaciones Militares nº 12.709 promulgada el 9 de octubre de 1941, la creación de la Flota Mercante del Estado, la nacionalización del Puerto de Rosario, experiencias todas que impulsaron la creación de la Dirección Nacional de Energía y el proyecto del general Manuel Savio para presentar en el año 1946 el Plan Siderúrgico Argentino. La Argentina del G.O.U. proyectaba la imagen de un espacio geopolítico afirmado en el desarrollo industrial capitalista, con sentido emancipador, pero con desconocimiento de las fuerzas sociales necesarias para instrumentar la etapa del cambio, bloqueado éste por los intereses internos y externos tradicionales.

Aunque la lucha por el poder político absorbe al Ejército, produciéndose un acelerado desplazamiento de generales, en su trasfondo permanecían en constante vigilia las causas preocupantes del proyecto emancipador y el cambio estructural del aparato productivo, que la situación interna y la crisis internacional con su nueva relación de fuerzas hacían aconsejables.

El 17 de octubre de 1945 Juan Domingo Perón define su liderazgo y los obreros argentinos su rol protagónico. El 17 de octubre estaba destinado a modificar el proyecto original del G.O.U., realmente inicia la institucionalización del proceso peronista que habrá de abarcar una década. Las elecciones que tendrán lugar el año siguiente servirán para exhibir las credenciales del cambio socio - económico que se estaba operando, en virtud del cual un gran sector había manifestado su resuelta voluntad de potenciar al país por el camino del desarrollo autónomo, creando de esta manera las barreras para concluir con la " división internacional del trabajo " a la que nos condic¡onaba la dependencia.

Su estudio ha inspirado una abundante literatura de publicaciones nacionales y extranjeras, partidistas y opositoras, preocupadas la mayoría en explicar un fenómeno que, pareciera, desborda las sendas previstas donde acostumbran los profesores universitarios a vaciar las experiencias sociales.

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De S.E.R. Monseñor Ubaldo Calabresi ( 1925 - 2004 ), Nuncio Apóstólico de la República Argentina entre 1981 y 2001, durante una misa de recordación del general Juan Domingo Perón ofrecida en la Catedral Metropolitana el 1 de julio de 1999, al cumplirse un cuarto de siglo de su fallecimiento:

" Nació en el siglo XIX, conoció su gloria y plenitud política en el siglo XX y, con un mensaje de profético alcance, supo impregnar al país del siglo XXI que entrevió con singular e indiscutida sabiduría ".

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De Lisy Smiles, escritora y periodista, en nota titulada La mansión, Evita y el museo, en Señales de la Cultura y la Sociedad, suplemento cultural de diario La Capital de Rosario, febrero de 2010:

Muchas veces se ha dicho que la historia de la construcción de la Biblioteca Nacional, Agüero 2502, Buenos Aires, es una metáfora de la historia del país. Y si algo le faltaba a esa narración es este capítulo, donde el rol del protagonista se intercambia entre próceres, familias oligárquicas, presidentes y dictadores.

De acuerdo a los datos publicados en la página web del Instituto Nacional Juan Domingo Perón, ubicado en cercanías al predio en cuestión, a fines de 1800 Mariano Saavedra, hijo de Cornelio, edificó en las afueras de la por entonces ciudad de Buenos Aires, sobre la avenida Alvear ( hoy del Libertador ), una vivienda y comenzó la parquización del terreno circundante. Era una zona de quintas, y el barrio era llamado Tierra del Fuego, quizá porque eran frecuentes las fogatas en los basurales o tal vez, por el ardor belicoso y pendenciero de sus ocupantes.

Saavedra le vendió el predio a un acaudalado ganadero, Mariano Unzué, quien construyó allí un palacio de línea francesa que destinó a residencia de verano. " El Palacio Unzué era un caserón de estilo afrancesado, recostado sobre la medianera de la calle Agüero, con una galería de entrada flanqueada por columnas, con vista al entonces cercano Río de la Plata ", se señala desde el instituto histórico. Y se brindan detalles de sus prestaciones: " La casa principal constaba de una edificación suntuosa de dos plantas, emplazada en el centro de un amplio parque, dependencias de servicios, el casino de oficiales de la custodia, un departamento a tal fin y edificaciones independientes para vivienda del personal. Se erguía, igual que la mayoría de las edificaciones adyacentes, en una superficie elevada, una barranca natural que se defendía de las inundaciones provocadas por el desborde del Río de la Plata".

Luego, la residencia fue expropiada. Pero eso no ocurrió durante los gobiernos peronistas, como algunos podrían suponer. Para nada. Fue en la década del 30. Tras la crisis de 1930, lujosas mansiones pertenecientes a destacadas familias porteñas fueron expropiadas ante la supuesta escasez de dinero de sus propietarios para mantenerlas. Prueba de eso es que por entonces pasaron a manos del Estado el palacio Anchorena, actualmente sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, y el palacio Errázuriz, hoy Museo de Arte Decorativo.

" En enero de 1937, la Cámara de Diputados aprobó, en una polémica sesión, la expropiación de la quinta Unzué. El diputado socialista Enrique Dickman fue uno de los que se opuso con mayor fuerza a esa medida, por considerarla como un método de salvación económica de esas familias en crisis ", se advierte desde el sitio del Instituto Nacional Juan Domingo Perón.

A pesar de la polémica, la expropiación se aprobó y la mansión pasó a manos del Estado. Fue destinada a residencia presidencial y, salvo el presidente de facto general Edelmiro Julián Farrell que solía usarla, el primer mandatario que vivió con continuidad fue Perón, y también Evita, claro.

Perón y Evita usaban preferentemente la parte alta. Allí estaba el dormitorio principal, un cuarto de huéspedes, vestidores, una biblioteca, un escritorio, un pequeño comedor diario y dependencias de servicio y administrativas.

" La escalera de mármol tenía forma de " Y ", y llevaba a las alas derecha e izquierda de la planta - se detalla en la página del instituto histórico -, que se asomaban a un balcón desde el cual podía observarse la planta baja de la mansión. También había un ascensor que se encontraba del otro lado de la casa, entre la biblioteca y el salón dorado ".

En esa casa, Evita otorgaba entrevistas y sus salones fueron escenarios de encuentros oficiales de Perón. Evita murió allí, 26 de julio de 1952, y Perón vivió en la residencia hasta su derrocamiento en 1955. Luego la mansión sufrió un sospechoso intento de incendio.

Después, presumiblemente como una forma de negar la historia, el presidente de facto general Pedro Eugenio Aramburu ordenó la demolición de la mansión, el 28 de enero de 1958.

En 1960, el presidente Arturo Frondizi decretó que en el predio se construyera la Biblioteca Nacional.

A las topadoras de la Revolución Libertadora sobrevivió una de las edificaciones linderas, que entonces era usada como casa de servicio, y que hoy es la sede del Instituto Nacional Juan Domingo Perón. Y donde estaba el edificio de la mansión se levantarán el Museo del Libro y la Galería de la Lengua.

Y hay otro dato, por demás de interesante:

El origen de la biblioteca se halla en una decisión de la Primera Junta. Mariano Moreno fue su impulsor y fue creada el 13 de septiembre de 1810 como Biblioteca Pública de Buenos Aires. Junto a la firma de Moreno, la de Cornelio Saavedra que firmó la expropiación de los bienes y libros del obispo Rodrigo Antonio de Orellana, juzgado como conspirador, y esos ejemplares conformaron el primer fondo de la biblioteca. Y todo indica que el primer propietario de los terrenos en cuestión fue justamente Cornelio Saavedra.

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De Juan Bautista Magaldi, periodista y escritor, para revista Todo es Historia, director Dr. Félix Luna, Buenos Aires, Argentina:

El origen de la amistad de fray Pedro Errecart ( 1917 - 1998 ) con Evita y el general Perón está en el limbo de las cosas nunca develadas, pero no habrá sido ajena a ella la simpatía del militar por los franciscanos.

Lo cierto es que el fraile - que no era sacerdote sino hermano lego, y por error mucha gente le atribuye el haber casado a Perón y Evita - le dijo vivamente al candidato a presidente de la República Argentina, entonces en concubinato con Eva Duarte, que por esa causa perdería el apoyo de los católicos, renuentes a votar por un postulante que vivía irregularmente su relación sentimental.

Si nos atenemos a las palabras que el entonces coronel Perón le hizo llegar a Evita desde su prisión en Martín García ( " Si sale el retiro, nos casamos al día siguiente; y si no sale, yo arreglaré las cosas de otro modo " ), la boda era asunto resuelto, pero el concretarla se demoraba, y las elecciones estaban próximas.

El escritor Héctor Daniel Vargas - coautor del libro Evita, casamiento en Junín, edición de los autores, Junín, Buenos Aires, año 1995, informa que:

" Lo relativo a la boda fue conversado por Evita y Perón en el campo del doctor Román Subiza, en San Nicolás de los Arroyos, entre el 18 y el 21 de octubre de 1945. Allí acordaron que, por civil, el desposorio sería en Junín. íntimo deseo de Eva, pues en esa ciudad residía su familia, sus hermanas se habían casado allí, y el Jefe del Registro Civil era un amigo. Perón accedió. En cuanto al casamiento religioso, en ningún momento fue descartado por ellos. Ocurre que Evita quería hacerlo en la Basílica de Luján, al igual que sus hermanas: Blanca Amelia, en 1940, y Erminda, en julio de 1945. Finalmente, la decisión en este caso fue de Perón, quien eligió La Plata a instancias de fray Pedro Errecart. No hicieron todo en la misma jornada, porque el acto civil fue al caer la tarde del lunes 22 de octubre, en razón de los compromisos oficiales que tuvo Perón ese día. El casamiento, en la iglesia parroquial de San Francisco, La Plata, iglesia ubicada en calle 12 al 1700, estaba dispuesto para el 29 de noviembre pero se postergó debido a la gran cantidad de gente que se había agolpado frente al templo. En la más absoluta intimidad, se realizó, finalmente, el 10 de diciembre de 1945.

La ceremonia la presidió el párroco, fray Francisco Sciammarella, y fueron testigos Domingo Mercante y Juana Ibarguren. Cabe suponer que también con la presencia de toda la comunidad, fray Pedro Errecart entre ella, y ni qué decir de su justificado alborozo ".

Roberto Bosca, autor del libro La Iglesia nacional peronista, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, año 1997, señala:

" Se encontraban presentes Juan Duarte y Blanca Duarte de Alvarez Rodríguez. También participaron, además de fray Pedro Errecart, el sacerdote Bernardino Bermúdez y Fray Fidel Rossell, quienes confesaron a los novios. Otros franciscanos presentes fueron José González, Carlos de la Fuente, Nicolás Lecuona y Francisco Sciammarella, cura párroco y superior de la casa ".

A partir de allí nació una gran simpatía de Evita por el fraile " casamentero ", y Perón le siguió brindando su amistad.

Sin llegar a ser una eminencia gris, fray Pedro tenía acceso al despacho presidencial y al de la esposa, lo que utilizó para muchas y diversas gestiones en favor del prójimo necesitado. Al fin y al cabo, coincidía con lo que Evita estaba haciendo en mucha mayor escala.

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De Ernesto Castrillón, historiador, periodista y escritor, en revista Todo es Historia, Buenos Aires, Argentina:

Indudablemente, para la oposición antiperonista, nadie, ni el mismísimo Juan Domingo Perón, provocó tanto temor y resentimiento como la voz de la abandera de los descamisados, la Jefa Espiritual de la Nación, Eva Perón.

Para otros, para muchísimos otros, la voz de Evita sólo despertaba ecos de bellísimos recuerdos, de un campeonato de fútbol infantil, de unas vacaciones que los padres seguramente no hubieran podido costear por sí mismos, del remedio salvador, de la ayuda económica providencial para los desvalidos.

Nada ejemplifica mejor la división que el peronismo ( buscándolo o no ) produjo en la sociedad argentina que la figura de esta extraordinaria mujer, implacable y feroz para sus enemigos, dulce e incondicional para sus amigos y los humildes que se acercaban a ella a implorar ayuda.

Sobre sus dotes de oradora política se ha discutido mucho. Algunos aseguran que su actuación en innumerables papeles de radioteatro la prepararon para foguearse en la oratoria. No estamos seguros. Ninguno de sus papeles en mediocres programas de radio la formó para lo que haría desde el poder.

Su oratoria, vibrante a veces, desmelenada otras, siempre emocional y tocante, no provenía del radioteatro. Para bien o para mal, venía del corazón.

Eva Perón y su época es el título de un CD - ROM realizado por Dalia Guterman y Miguel Petridis y el Centro de Altos Estudios Latinoamericanos Magic Group.

Correspondiendo a una moda histórica, con técnicas de marketing y revival, se suceden las ediciones de libros, revistas, videos, DVD.s, películas, exposiciones fotográficas y folletería destinadas a reseñar la vida y pasión de la mujer argentina más famosa del siglo XX.

Este CD - ROM se suma - por suerte de manera ágil, didáctica y atractiva - a toda esta corriente. Textos de época, imágenes fílmicas de archivo, fotos, opiniones, se encadenan correctamente en un trabajo de factura agradable.

Los distintos ítems que abren el CD - ROM y ordenan la trayectoria de un personaje tan complejo y fascinante como Evita están aquí, apropiadamente presentados, en especial para los jóvenes que muestran horror de permanecer más de diez minutos ante un libro de historia, pero que no tienen límites para jugar con su computadora.

Imágenes de archivo, artículos de texto, sonidos de época confluyen aquí para atraer al usuario frente a su PC.

La obra se suma así, felizmente, a toda una serie de CD - ROM editados en los últimos tiempos y que se ocupan de diversos temas de la historia argentina. Nos contentamos con este muy buen trabajo de Guterman y Depetris.

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De Armando Ponce, protagonista de la histórica jornada en Plaza de Mayo del 17 de octubre de 1945:

Efectivamente, soy el que aparece retratado en la famosa foto, con la camisa arremangada y con un pañuelo al cuello, estoy ubicado en el extremo derecho, sentado y con las piernas en la fuente.

Me cuesta reconocerme, era casi un pibe, tendría 16 o 17 años de edad.

Yo era hijo de trabajadores humildes y me desempeñaba como cadete en una sastrería militar ubicada solamente a metros de la Plaza de Mayo, más precisamente en la calle 25 de Mayo, y a esa edad no me interesaba mucho la política.

Ese día, 17 de octubre de 1945, se acercó un delegado a la sastrería a informarnos que se estaba realizando una concentración frente a la Casa Rosada. Entonces seguí a los otros compañeros de trabajo y llegué fácilmente hasta la Plaza de Mayo.

Hacía muchísimo calor y los negocios estaban cerrados, no podía comprar refrescos, así que me decidí por meter las piernas en la fuente para refrescarme. Posteriormente, algún diario se ocupó de decir que " metimos las patas en la fuente ", de tratarnos como si fuéramos unas bestias.

Respecto a la actuación de Evita, ella tuvo su participación indiscutible en la liberación de Perón. Evita integró el grupo de personas que se dirigió al Hospital Militar.

Y doy testimonio que desde algunas ventanas que daban a la Plaza de Mayo, algunos francotiradores dispararon contra las personas reunidas en la Plaza de Mayo, pude ver claramente cómo asistían a un hombre que había sido baleado.

A la noche, Perón apareció en los balcones de la Casa Rosada, y aunque era yo un muchachito, su discurso causó en mí una emoción profunda y una gran alegría en la gran multitud reunida.

Mi regreso a casa no fue fácil, muy cansado y con hambre, me fui caminando desde Plaza de Mayo hasta Chacarita, donde tomé un tren. No había comido nada durante todo el día, pero en la estación de trenes disfruté de mi primer comida del día: una pizza, mientras recordaba la inolvidable experiencia.

Nota:

Para conocer más sobre el 17 de octubre de 1945 y ver la foto, favor de usar el navegador mozilla firefox y clickear aquí

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De Juan Waldemar Wally, docente, escritor, historiador, en nota titulada A 25 años de la sublevación militar de Olavarría y Azul, para revista Todo es Historia, Buenos Aires, octubre de 1996:

Desde que el escritor Leopoldo Lugones proclamara " La hora de la espada " en su célebre alocución de Lima en 1924, al celebrarse el centenario de la batalla de Ayacucho, que tiene como telón de fondo una fuerte reacción nacionalista - conservadora ante el avance comunista y el aparente fracaso de la democracia liberal, comienza a crecer en Argentina el fenómeno " militarista - mesiánico ". Este consiste, como mínimo, en considerar a las Fuerzas Armadas, y principalmente al Ejército, como última reserva de la nacionalidad, y como máximo atribuirle la responsabilidad de ser la institución conductora de los necesarios procesos de transformación para conducir a la Nación a sus grandes destinos.

El 6 de setiembre de 1930 se inaugura en nuestro país " La hora de la espada ", con el triunfo del levantamiento militar encabezado por el general José Félix Uriburu, de quien fue asesor Leopoldo Lugones.

La llamada " Generación Militar de 1930 " era un destacado grupo de oficiales del Ejército que conspiró junto a Uriburu o apoyó el levantamiento, y que ocupó cargos políticos o militares de relevancia a lo largo de 25 años, es decir hasta el derrocamiento del general Juan Domingo Perón en 1955.

Recordemos algunos nombres del Estado Mayor conspirativo del general Uriburu: coronel Juan Pistarini, teniente coronel Pedro Pablo Ramírez, mayor Ángel Solari, mayor Humberto Sosa Molina, mayor Emilio Ramírez, capitán Juan Domingo Perón, capitán Urbano de la Vega, capitán Gregorio Tauber. También participó en actividades conspirativas el capitán Franklin Lucero, el capitán Arturo Saavedra quien promovió la sublevación en Campo de Mayo; por su parte, el capitán Domingo Alfredo Mercante fue designado oficial de órdenes del general Agustín Justo el día de la rebelión.

Es de destacar que entre los mencionados anteriormente, Perón, Mercante, Ramírez, De la Vega y Saavedra fueron más tarde cinco de los diecinueve miembros fundadores del G.O.U. ( Grupo Obra de Unificación ), logia secreta nacionalista que impulsó el levantamiento militar del 4 de junio de 1943 y ocupó cargos claves de gobierno durante la presidencia del general Pedro Pablo Ramírez. Esta " Generación Militar del 30 ", antiliberal, industrialista, nacionalista, intervencionista en materia económica, neutralista durante la Segunda Guerra Mundial, tiene su máximo referente en Juan Domingo Perón, sin olvidar la señera figura del general Manuel Savio.

Perón dirige un profundo proceso de transformación, trunco con su derrocamiento en 1955 y que no pudo retomar en su tercera presidencia ( 1973 - 1974 ) en distintas circunstancias históricas, anciano y enfermo.

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De Celso Pivida, sindicalista, privilegiado protagonista del 17 de octubre de 1945:

El que está sentado en la fuente, con traje más claro y se ve de perfil en la legendaria foto de la Plaza de Mayo del 17 de octubre de 1945, soy yo.

En ese momento trabajaba en una empresa lanera, en La Barraca. Tenía 20 años de edad y era delegado laboral, como tal mi función consistía en concurrir a la Secretaría de Trabajo donde me informaban de las nuevas conquistas en favor de los trabajadores. Al frente de la Secretaría estaba el coronel Perón. El coronel Perón había logrado para los trabajadores la obtención del aguinaldo, la efectivización, las vacaciones pagas y la jubilación, por lo tanto había que obtener su libertad.

Desde Avellaneda, junto a muchos otros trabajadores de industrias y frigoríficos nos dirigimos hacia Plaza de Mayo.

Fue un día muy tenso y con un insoportable calor, y ante la necesidad de refrescarme metí los pies en la fuente, como tantas otras personas que allí estaban, y así quedó esa imagen para la historia, que escandalizó a algunos diarios y con la que nos catalogaron de " hordas de salvajes ".

Se observa en la foto que estoy de traje. Claro, fui a casa y me cambié. Era una época en que si uno iba a la Capital y no se ponía el saco y la corbata era considerado poco menos que un " croto " o un pordiosero.

Evita integró una columna que se dirigió al Hospital Militar para rescatar al líder, a su hombre. Mujer verdaderamente corajuda, valiente y decidida, a la que la oposición trató de minimizar y deslucir su participación en la jornada.

Es cierto que al anochecer algunos empezaron a retirase ante la incertidumbre, pero muchos otros decidieron quedarse y permanecer en Plaza de Mayo hasta conseguir la libertad de Perón, hecho que felizmente se logró.

Nota:

Para conocer más sobre el 17 de octubre de 1945 y ver la foto de la fuente en Plaza de Mayo, favor de usar el navegador mozilla firefox y clickear aquí.

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De Rosario Ayerdi y Gabriel Ziblat, periodistas, en el suplemento Megaterremoto, diario Perfil, Buenos Aires, Argentina, febrero de 2010:

" Entre los tantos que pasaron en esos días por mi despacho, había una mujer joven de aspecto frágil pero de voz resuelta, de cabellos rubios y de ojos afiebrados. Decía llamarse Eva Duarte, era actriz de teatro y radio y quería concurrir de cualquier manera a las obras de socorro por la desgraciada población de San Juan. Hablaba vivamente, tenía ideas claras y precisas e insistía para que le asignara una misión ". Así recordó años más tarde Juan Domingo Perón el día que conoció a Evita.

El 15 de enero de 1944, un temblor sacudió a San Juan, destruyendo la capital provincial. Ese día a las 20.52 un terremoto de grado 7,8 en la escala de Richter destruyó la ciudad sanjuanina, que sufrió la máxima intensidad del terremoto. Cerca de 10.000 personas murieron ese día. El área más afectada abarcó unos 190 kilómetros cuadrados. En aquel año, Perón era secretario de Trabajo y Previsión bajo la presidencia de Pablo Ramírez, y tuvo a su cargo la coordinación de ayuda a los sobrevivientes.

Finalmente, Eva convenció a Perón y llegó a San Juan para entregar los fondos recaudados.

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De Diego Curubeto, crítico y periodista, guionista y director de cine, cinéfilo y escritor, autor del libro Babilonia gaucha - Hollywood en la Argentina, la Argentina en Hollywood, editorial Planeta S.A., Buenos Aires, con ilustraciones y fotografías, 222 páginas, año 1993:

En 1981 la TV estadounidense se ocupó de la Argentina.

Evita Perón duraba 200 minutos, y fue diseñada para emitirse como una miniserie.

La dirección estaba a cargo de Marvin Chomsky, que dos años atrás había estado al frente de otro ambicioso proyecto, la miniserie Holocausto. Evita Perón era una oportunista biografía de Evita que no tenía nada que ver con la exitosa ópera - rock de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice, pero evidentemente se apoyaba en la popularidad que su puesta en Broadway había alcanzado en los Estados Unidos.

Eva Duarte fue personificada por la diva ya algo decadente Faye Dunaway. La primera dama argentina era mostrada como una prostituta sedienta de poder. El actor James Farentino aparecía como un Juan Domingo Perón excesivamente gansteril ( iba a ser interpretado por Robert Mitchum, que desertó a último momento ). José Ferrer encarnaba al cantante Agustín Magaldi, Robert Viharo a Juan Duarte y Michael Constantine a Jaime Yankelevich, también deambulaban algunas celebridades latinas de Hollywood como Katy Jurado, Rosita Moreno y Pedro Armendáriz Jr.

La Argentina que se mostraba en Evita Perón era indisimuladamente mexicana, cosa que no impidió que la miniserie tuviera bastante éxito al ser emitida en los Estados Unidos.

Este telefilm insufrible, absolutamente poco serio y bastardo, aunque divertido por su excéntrico color local, pudo verse en los canales de cable. Los televidentes de la emisión local quedaron impactados al presenciar el primer encuentro entre el líder justicialista y su futura compañera: al abandonar el lecho donde descansaba su amada, él dejaba billetes en la mesita de luz.

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De Dvora ( Dorita ) Grokop Schechner, graduada en Historia y Filosofía, profesora, educadora, escritora, autora del libro Evita - Una biografía de Eva Perón, escrito en hebreo, editorial Yediot - Aharonoth, Tel Aviv, Israel, 272 páginas, año 1994:

Evita - Una biografía de Eva Perón tuvo muy buena aceptación y crítica, es libro de texto en las universidades de Jerusalem y Tel Aviv. Me piden traducciones en español e inglés, por intermedio de la Feria Internacional de libros - Barcelona, Francfurt y Jerusalem.

Una tarde invernal del año 1951 la ví a Evita en persona.

Ella estaba en la etapa culminante de su carrera y a un paso de su agonía. Su imagen quedó clavada en mi mente. Tuve que vivir 40 años más para atreverme a descifrar ese enigma y escribir el libro.

La cosas sucedieron así:

Adela, la más joven y cercana a mí, de las sirvientas en mi casa, era una gran admiradora de Evita. Ella me hablaba sobre su heroína y yo la criticaba. Nos pasábamos los días discutiendo porque yo, la adolescente hija de un rico fabricante textil judío, era socialista. Adela decía que lo que hizo Evita en la Argentina era parecido al socialismo del que yo hablaba constantemente. Y me contenía para no soltar una carcajada por no ofenderla.

Se viste como una reina y les dice a los pobres que es una de ellos, mira los vestidos y las joyas - le explicaba. Les reparte sidra y pan dulce en Navidad y se fotografía con ellos. Quizás no sea fascismo, pero socialismo no es. En el socialismo - no hay ricos ni pobres.

Es cierto - reconocía Adela - hay ricos y pobres, pero hay quien se preocupa por los pobres. Derecho a una jubilación, asilo de ancianos, hogares para muchachas solas, una ciudad para niños abandonados, campeonatos de fútbol para niños que en su vida habían tenido una pelota o botines o una revisión médica, trenes de salud que recorren las provincias y un ejército de enfermeras, y además - recordó oportunamente - también el voto femenino. Y todo eso no existía antes. Y te tengo novedades - me decía Adela - vení a escucharla, habla igualito a vos. Promete luchar para que en Argentina haya justicia social para todos. Venite a verla - me volvió a invitar.

Adela insisitía. Dudé un poco pero accedí, en parte por curiosidad.

Nos escabullimos de casa en horas de la siesta, nadie sabía adonde iríamos, ni mi familia, ni mis amigos.

Era feriado. Los negocios estaban cerrados y mucha gente convergía hacia el centro. Viajamos en colectivo repleto y luego nos metimos en el vagón del subterráneo atestado de gente. Gratis.

Agosto suele ser el mes más duro de invierno, pero aquel 22 de agosto de 1951 no fue así. El cielo lucía límpido y con un solcito cálido.

Desde el interior llegaron miles de autobuses, carros y bicicletas, trenes. Las masas que iban llegando guardaban proverbial compostura. No venían a conquistar la capital. La capital ya era cancha propia.

En la esquina de la Avda. 9 de Julio y Moreno, a metros del Obelisco, en pleno corazón de la ciudad de Buenos Aires, habían levantado un gran escenario. Un gigantesco cartel anunciaba la candidatura doble de " Perón - Eva Perón, la fórmula de la Patria " con sendas fotografías en cada extremo. La gente llevaba carteles y las canciones alusivas irrumpían de todos los altoparlantes instalados en cuanto poste de electricidad había en la ruidosa avenida. En todos los edificios cuyos frentes daban a la avenida, ondeaban carteles con fotos de la pareja, los dos juntos o separados.

A las 17.30 subió Perón al entablado acompañado por ministros, senadores, diputados y dirigentes obreros.

Evita no estaba entre ellos.

Se inició la Asamblea. José Espejo, que presidía entonces la CGT ( Confederación General del Trabajo ), coordinaba el acto. Tomó la palabra, pero era imposible oír lo que decía.

¡ Que venga Evita ! ¡ Que venga Evita ! - vociferaba la gente.

Los reflectores se encendieron potentes sobre la escenografía de fondo encandilando el póster de Evita, mientras en el escenario se presentaba una delgadísima figura femenina, con ojeras debajo de los ojos que brillaban de fiebre y la piel tirante sobre los pómulos y la nariz.

¡ Cómo adelgazó ! - susurró Adela, tapándose la boca con la mano. La gente no conocía todavía el veredicto de su cruel enfermedad. El cáncer de útero que la carcomía se iba extendiendo en sus entrañas sin piedad.

Quizás toda su vida no haya sido sino la antesala de ese momento cumbre. La hija ilegítima; la huérfana a quien trataron de alejar del cajón y de la tumba de su padre; la alumna de primaria que reprobaba matemática; la actriz de cuarta - estaba ahora sobre el escenario frente al público que ella misma había moldeado. Ella recitaría su propio argumento y ellos la ovacionarían.

Tras haberse entonado estrofas del Himno Nacional Argentino, el coordinador del acto le pidió formalmente a Perón que aceptara una vez más en ser candidato a presidente de la Nación. El líder accedió. Luego se dirigió a Evita y le pidió que aceptara ser candidata oficial para la vicepresidencia de la Nación.

Se hizo un gran silencio. Un millón de personas esperaba con ansiedad y tensión.

Ella empezó a hablar, como de costumbre, alabando a Perón. Después de que Eva manifestara su amor por Perón y por el pueblo, se ensañó contra todos los enemigos, los mediocres y los vende patria.

Yo estaba perpleja. ¿ Qué clase de discurso político era ese ?.

Tras una pequeña pausa, volvió Eva a sus admiradores y susurró: " Yo siempre haré lo que me diga el pueblo ". La frase sonó a aceptación de la candidatura y despertó una avalancha de aplausos. El público se deshizo en vivas durante largos minutos, en medio de una euforia que rayaba a la locura.

¿ Había aceptado o no ?

Comenzó entonces un diálogo entre Evita y el público. Los cuerpos apretados uno junto a otro se iban fundiendo con la complicidad de la noche que iba cayendo hasta crear un ser único que latía al unísono como una criatura viviente.

" Compañeros, por el cariño que nos une, les ruego que no me hagan hacer lo que no quiero hacer. Se los pido a Uds. como amiga, como compañera ... por favor, les pido que se desconcentren ". Su voz era un ruego.

" ¿ Cuándo Evita no hizo lo que Uds. le pidieron ? ", expresó Eva.

¡ Ahora, ahora ! - resuena el grito popular sin demora. Al día siguiente el diario Democracia publicaría que las palabras fueron repetidas a coro por espacio de 18 minutos seguidos.

Parecía que nadie había previsto que la Asamblea se desarrollara de ese modo. Todos estaban sorprendidos de que Perón había pasado a segundo plano. El público estaba inquieto y amenazaba con descontrolarse. Hacía frío y estaba oscuro.

Yo temblaba y Adela me preguntó si quería que nos volviéramos a casa. Suspiró aliviada cuando moví negativamente la cabeza. Yo estaba fascinada y quería ver el final. Como todos.

Por fin, Evita se acercó al borde del entablado. Sostuvo el micrófono con ambas manos y murmuró: " Haré ... lo que el pueblo me ordene ". Los aplausos no mermaban, pero la Asamblea había terminado.

La gente se dispersó lenta y desganadamente.

Durante el viaje de regreso, Adela y yo casi no intercambiamos palabra alguna. Mi mente estaba abarrotada de imágenes nuevas.

Esa noche me costó conciliar el sueño. Algo no se condecía con las definiciones, con la teoría. Era un estilo nuevo de liderazgo. Un nuevo tipo de pueblo, de relación entre un líder y su pueblo. No eran la obediencia y sumisión. Ella lo había conquistado con su fidelidad y con la ostentación de su debilidad. Su debilidad era su fuerza.

Empecé a ver borrosamente lo absurdo de mi posición. Siendo que se trataba de un fenómeno histórico importante yo me había estado burlando de él, y en vez de analizarlo a fondo, lo menosprecié restándole todo significado trascendente. Me avergonzaba por mi soberbia, por la vanidad de mi altanería. Me prometí profundizar en el asunto.

Nueve días después de la Asamblea, el 31 de agosto de 1951, fue transmitido por radio a todo el país el anuncio grabado ese mediodía en la Casa Presidencial. Eva leía con voz grave, monótona y lenta: " Quiero comunicar al pueblo argentino mi decisión irrevocable y definitiva de renunciar al honor con el que los trabajadores y el pueblo de mi patria quisieron honrarme ".

No había transcurrido un año, cuando el 26 de julio de 1952, a las 20.25, falleció Evita. Fue su hora de gracia, dijeron seguidores y denostadores por igual, cuando acompañaron a Eva hasta los umbrales de la inmortalidad - donde tiene su lugar hasta el día de hoy.

Perón se mantuvo en el poder tres años más después de la muerte de Evita, hasta septiembre de 1955, luego permaneció en el exilio durante casi dos décadas. La Revolución Libertadora persiguió al peronismo pero los peronistas siguieron activando en la clandestinidad. Los nuevos gobernantes tenían por objetivo borrar la memoria de Perón y de Evita. Quemaron libros y fotos, prohibieron sus nombres, liquidaron instrumentos médicos de alto costo, frazadas y colchones destinados a los necesitados, porque llevaban la inscripción " Fundación Eva Perón ". Años después, en los sótanos de la Sección Especial fueron torturados seguidores del peronismo.

En los años 70, viviendo en Israel, decidí intentar descifrar el fenómeno Evita. Les pedí a mis familiares en Argentina que me mandaran material. Ellos recorrieron librerías de usados y recolectaron material de las bibliotecas de sus amigos. Así juntaron una rica biblioteca peronista, que escondieron en un viejo cajón. Unos amigos me trajeron el cajón a Israel. Pasó bastante tiempo hasta que me percaté de cuánto se habían arriesgado todos los que habían colaborado en el llenado del cajón y su traslado. Si los sabuesos de la Sección Especial se hubieran enterado del contenido de ese cajón ...

Mi generación despreció al peronismo porque lo asociaban con la Europa fascista. A mi kibutz Gazit llegaron algunos contingentes de jóvenes. Una tarde me invitó una de las parejas jóvenes a su habitación y me encontré con un póster de Evita colgado en la pared.

Aquella fue la Evita que yo ví. Con la trenza teñida de oro, con sus manos subrayando las palabras frente al micrófono. La imagen de la mujer que había claudicado brillantemente aquella noche en el invierno de 1951.

Es la Evita que presento en este libro.

Nota: para ver imagen del libro de Dvora Grokop Schechner, por favor usar el navegador mozilla firefox y clickear aquí.

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De Félix Alfredo Pérez, Secretario General del Sindicato de Luz y Fuerza y de la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza ( FATLyF ), primer sindicalista argentino recibido en audiencia privada por el papa Pablo VI (1963 - 1978 ):

¿ Por qué Eva Perón pedía respeto por los gremios y por qué los gremios la querían tanto ? Porque ella era pueblo humilde, porque había tenido una infancia de sufrimiento y de problemas y porque sabía que los sindicatos estaban reconstruyendo una sociedad. Ella era transformadora y revolucionaria.

Cuando Evita fue velada, mi esposa y yo hicimos catorce horas de cola para poder llegar al lado del féretro. Fue un día que llovía pero la lluvia no nos importaba. Sólo queríamos rendir el postrer homenaje a la que habíamos amado tanto y que nos había cambiado tanto la vida porque los dos éramos trabajadores y porque los dos, que nos habíamos casado en 1952, teníamos un proyecto y un estilo de vida. Ya proyectábamos una vida mejor, ya pensábamos en la casita propia, ya soñábamos en tener hijos y educarlos para una vida positiva, en base al estudio y al trabajo en serio.

En el año 1951 Evita visitó nuestro Sindicato. Recuerdo que ese día fue imponente. No se podía encontrar un espacio libre para verla y escucharla. Estábamos agolpados.

Nuestro gremio tuvo cordiales relaciones con Evita y Perón.

Evita, en una oportunidad, cuando Luz y Fuerza le fue a reclamar la firma del Convenio Colectivo que una Comisión Paritaria discutía, logró la firma del ministro de Trabajo.

Luz y Fuerza hizo el reclamo diciéndole a Evita:

- Señora, es un Convenio justo.

Ella le preguntó al funcionario de trabajo:

- " ¿ Es justo ? ".

El funcionario le contestó que sí, que era justo, pero que no se podía homologar. Entonces ella replicó:

- " Pero si es justo se puede ".

En política laboral y de previsión social, naturalmente José Figuerola fue uno de los que más influyó, pero de todas maneras las transformaciones en todo ese campo se deben a Evita. Ella fue la que creyó que el mundo del trabajo tenía que incorporarse a las decisiones fundamentales del país, porque ella misma provenía de ese mundo: el mundo de la dureza, de los sufrimientos, ya que la década infame fue terrible y muy penosa. Yo lo viví, lo sufrí y por esa razón dejé de ser anarquista para no ser utópico, y me incorporé al peronismo porque entendí su mensaje de humanismo cristiano y nacional. Esa teoría del humanismo cristiano la entendimos desde el principio en el mundo del trabajo.

La visita de Evita a Luz y Fuerza sucedió más o menos diez meses antes de morir. Evita habló de los derechos del trabajador y de la necesidad de asegurar que al trabajador jamás le faltara nada. Ella centró su discurso en el concepto de Perón que decía: " En nuestro país no debe haber injusticias ".

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De Martín De Biase, licenciado en periodismo, abogado, postgrado en Comunicación Científica, Médica y Medioambiental de la Universidad Pompeu Fabra ( Barcelona ), escritor, autor del libro Entre dos fuegos - Vida y asesinato del P. Mugica, editorial Patria Grande, Buenos Aires, con fotografías, 384 páginas, año 2009:

Entre los factores que incentivaron el conflicto entre la Iglesia y el gobierno peronista ( 1952 - 1955 ), tuvo decisiva importancia el fallecimiento de Eva Perón, ocurrido el 26 de julio de 1952.

El proceso de mitificación se incrementó hasta límites que resultaban inconcebibles para quienes estaban acostumbrados a guardar las formas que aconsejaba la " sana " doctrina.

La referencias religiosas con relación a Evita se multiplicaron por doquier. Diputados, funcionarios y diarios oficialistas la consideraron públicamente como una santa, calificativo que se repitió en varios de los libros que se implantaron como lectura obligatoria en las escuelas. Este hecho no podía pasar inadvertido, sobre todo para los católicos más opuestos al gobierno, quienes consideraban que la doctrina del " cristianismo peronista " ya había llegado demasiado lejos.

Poco tiempo tiempo después, la creación de la Unión de Estudiantes Secundarios en el año 1953 trajo aparejados nuevos problemas. Si bien la UES tenía como objetivo la organización de actividades fuera del horario escolar, su aparición respondía también al poco velado deseo del Presidente de ganar a la juventud para su movimiento. Sin embargo, no fue su instrumentación política la que provocó las mayores críticas en torno a la agrupación, sino las sospechas de " perversiones morales " en las que supuestamente incurrían algunos funcionarios del gobierno. Estas presunciones se incrementaron aun más desde que la rama femenina de la agrupación juvenil fue recibida en una ocasión en la residencia presidencial.

Simultáneamente, las actividades de organizaciones obreras confesionales como los Círculos de Obreros Católicos ( COC ) y la Juventud de Obreros Católicos ( JOC ), todavía con cierto arraigo pero reacias a integrarse al peronismo, eran miradas con recelo por el gobierno, que las consideraba una amenaza a su hegemonía en los sectores populares. Una desconfianza aun mayor se orientaba hacia los sectores simpatizantes de las organizaciones demócratas cristiana, de influencia creciente en varios países europeos. Estos núcleos se habían opuesto abiertamente al régimen desde un comienzo, y la culminación de ese proceso con la fundación de un Partido Demócrata Cristiano en la Argentina, en junio de 1954, acentuó esos resquemores.

De todos, tanto las organizaciones gremiales católicas como los miembros de esa tendencia política eran claramente minoritarios dentro de un espectro ampliamente dominado por el justicialismo. Por eso, las denuncias de " infiltración " en los sindicatos peronistas, y la percepción de que los católicos organizados en un partido constituían una amenaza, parecían exagerados y eran fruto de una creciente intolerancia oficial.

En medio de este clima ya abiertamente enrarecido, la actitud de Perón frente a las religiones no católicas fue otro de los motivos que agudizó el enfrentamiento.

Entre todos ellos, el de mayor repercusión fue el que protagonizó el pastor bautista estadounidense Hicks, quien llegó a la Argentina en 1954 precedido por su fama de hacedor de milagros mediante la fe y la oración. Apenas arribado al país, Hicks se entrevistó con el jefe de Estado, en un evento ampliamente cubierto por la prensa oficial, y obtuvo autorización para realizar una serie de actos en el estadio de Atlanta.

El permiso para realizar manifestaciones masivas era, en aquellos días, un privilegio reservado a pocos. Por eso la jerarquía eclesiástica puso el grito en el cielo ante la aparente simpatía del Presidente por " cultos extraños ". Durante las semanas siguientes, mientras el denominado " mago de Atlanta " multiplicaba sus reuniones de sanación de decenas de enfermos, la preocupación alcanzó también a sectores católicos medios.

Sin embargo el clima de intranquilidad se transformó en histeria colectiva cuando el milagrero Hicks proclamó en una de sus asambleas: " No hay diferencia real de religiones, todas valen lo mismo ... " . En años en los cuales la intolerancia religiosa era moneda corriente, expresiones de este tipo no podían menos que generar reacciones.

Acercándose las postrimerías del año, la división del país en peronismo - antiperonismo abarcaba toda la realidad nacional. Todos estos hechos fueron volcando a los sectores católicos, cada vez en mayor medida, hacia el grupo de opositores.

Pero, si la " guerra " todavía no estaba declarada, el discurso que pronunció el Presidente el 10 de noviembre , ante gobernadores y funcionarios reunidos en la quinta de Olivos, obró como un disparador. En esa alocución, el primer mandatario acusó a sacerdotes y a " ciertos católicos " de participar en actividades antiperonistas y de infiltrarse en las " organizaciones del pueblo ".

Perón concluyó su arenga señalando directamente a los " culpables ". Aseguró que las provincias donde se producía una mayor " infiltración " eran las de La Rioja, Córdoba y Santa Fe, cuyos obispos fueron calificados como " abiertos enemigos del gobierno ". Destacó además que " en Entre Ríos funciona el Ateneo Universitario, que le recomiendo al gobernador ". En tanto, subrayó que, en Corrientes, el padre Bonamín, " va a dar conferencias contra el gobierno ". Finalmente, criticó con dureza al obispo Ferreyra Reynafé y a los sacerdotes Nievas y Mota, todos ellos de la diócesis de La Rioja.

A partir de ese momento, el gobierno emprendió una campaña anticlerical abierta- El 23 de noviembre de 1954, la cúpula del partido peronista y la CGT organizaron un acto en el Luna Park, oportunidad en la cual los discursos contrarios a la Iglesia alcanzaron un marco inusitado. Así, el 14 de diciembre de 1954, tras unos pocos días de debate, se sancionó la ley de divorcio. Una semana más tarde se dispuso que las manifestaciones religiosas sólo serían autorizadas " en lugares cerrados ", con lo cual se prohibía de hecho la realización de procesiones. Asimismo, otro decreto autorizó la reapertura de prostíbulos, prohibidos en la Argentina desde 1933.

La ofensiva anticatólica se reanudó en marzo de 1955, cuando fue promulgado en la Cámara de Diputados un decreto del Poder Ejecutivo por el cual se reajustaban los feriados. De acuerdo con esa norma, dejaban de ser jornadas no laborales fiestas como las de la Asunción y de la Inmaculada Concepción de María, la de San Pedro y San Pablo, y los días de Todos los Difuntos y de Todos los Santos.

Luego de una breve interrupción, los últimos embates se sucedieron durante el mes de mayo. Fue derogada la ley por la cual se había implantado la enseñanza religiosa en las escuelas y se suprimieron las disposiciones que eximían de impuestos a las instituciones religiosas. También se aprobó un proyecto sobre la reforma de la Constitución Nacional, que establecía la necesidad de separar a la Iglesia del Estado.

La reacción católica no se hizo esperar. Ya desde el discurso de Perón en la quinta presidencial, grupos laicos habían comenzado a imprimir y distribuir una gran cantidad de panfletos en los que se atacaba al régimen. Pero fue sobre todo la celebración de la fiesta de Corpus Christi, el 11 de junio, la ocasión que se aprovechó para organizar una verdadera manifestación antiperonista. Frente a la Catedral se reunió una multitud, entre la que se contaban no solamente católicos sino también opositores políticos de las más diversas tendencias.

Pese a la prohibición gubernamental, al finalizar la misa se realizó la tradicional marcha alrededor de la Plaza de Mayo. Las tensiones acumuladas durante los últimos meses afloraron durante la procesión, que culminó con incidentes: delante del Congreso fue arriada una bandera nacional, e izada en su lugar otra con los colores del Vaticano. Mientras esto ocurría, algunos ciudadanos, furiosos, arrancaban placas recordatorias a Eva Perón.

El gobierno reaccionó ante lo que consideró una afrenta. Se responsabilizó a los manifestantes de haber quemado una bandera nacional y, durante un discurso emitido por radio, Perón acusó al clero de " mostrar el lobo que escondía bajo sus pieles de cordero, aliándose de nuevo con la oligarquía para resucitar una nueva Unión Democrática clerical y oligárquica ". Pocos días más tarde, los obispos Manuel Tato ( vicario general de la arquidiócesis de Buenos Aires ) y Ramón Novoa fueron expulsados del país, y se los obligó a subir a un avión que se dirigía a Roma.

La antinomia peronismo - antiperonismo atravesaba ya toda la realidad nacional, y el clima de odio y violencia se hacía irrespirable. Todos los que se oponían al gobierno, por motivos fundados o infundados, decidieron sumarse a la cruzada de defensa de la Iglesia católica. El clima de golpe militar se palpaba, y el 16 de junio de 1955, fecha en que debía realizarse un desfile aéreo, aviones de la Marina bombardearon la Plaza de Mayo y la Casa Rosada, dejando un saldo de cientos de muertos y heridos. Sin embargo, la conspiración mediante la cual se pretendía tomar el poder fracasó, debido al apoyo que la mayoría del Ejército y la Fuerza Aérea prestaron al gobierno.

Luego de esta acción, y pese a un conciliador mensaje de Perón llamando a los militantes a la cordura, grupos de jóvenes se lanzaron a las calles en busca de venganza. La sede de la Curia Eclesiástica y la Catedral Metropolitana, así como numerosos templos, fueron destrozados e incluso incendiados. La nómina incluyó los conventos de San Francisco y Santo Domingo de Guzmán, y las parroquias de San Ignacio, San Nicolás de Bari, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Nuestra Señora de las Victorias, Nuestra Señora de la Piedad del Monte Calvario, San Juan Bautista y San Miguel Arcángel.

Llegado hasta ese punto, el conflicto ya no podía ser detenido. Perón intentó un llamado a la pacificación del país y a la unión entre el gobierno y sus adversarios políticos, pero el diálogo duró poco. El 31 de agosto, en un discurso pronunciado desde el balcón de la casa Rosada, sus palabras reflejaron un cambio total de actitud.

Si buscaba atemorizar a sus adversarios, lo único que logró Perón con ese discurso fue precipitar su caída. El 16 de septiembre de 1955, una revolución encabezada por el general retirado Eduardo Lonardi estalló en Córdoba y se fue extendiendo a varios puntos del país. Once días más tarde, Perón era destituído y partía hacia el exilio.

Nota:

En 1973, año de la asunción de la tercera presidencia del general Juan Domingo Perón, una editorial publicó el libro Peronismo y Cristianismo, que reunía diversas notas, artículos y textos de entrevistas en medios radiales y televisivos del sacerdote Mugica, y fue publicado sin el consentimiento o autorización de Mugica, pero el sacerdote, que estaba vinculado al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo ( MSTM ), también al peronismo y a las luchas populares, decidió no realizar ningún tipo de acción legal.

Numerosas bibliografías hacen pertenecer al sacerdote Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe ( 1930 - 1974 ) a la orden de los jesuítas, es un error, Mugica era miembro del clero secular.

El sacerdote Mugica fue asesinado el 11 de mayo de 1974, algunos responsabilizan a la Triple A y otros a los Montoneros.

Para ver la tapa del libro Peronismo y Cristianismo, por favor usar el navegador mozilla firefox y clickear aquí.

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De Jaquelina Attara, profesora de Historia, licenciada en Pedagogía Social, escritora, junto con otros destacados profesionales e historiadores es coautora del libro titulado Historia en ciudades puerto - Escenarios, actores, política pública y empresas culturales, editado por el Instituto de Historia de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica Argentina, Rosario, 220 páginas, año 2009:

El Estado Peronista comprendido entre los años 1946 y 1955 se concentraba frente a ciertos sectores marginales de la sociedad: " familias numerosas con salarios insuficientes fuera del círculo laboral formal, viviendas insalubres, niñas y niños con baja asistencia escolar, enfermedades no tratadas, escasez de vacunación, alcoholismo de adultos a cargo de los niños, madres solas trabajadoras, casos de abandono o incapacidad de alguno de los padres " formaban parte del paisaje urbano. Si bien estos emergentes no eran nuevos, si lo era la mirada que el régimen peronista propondría sobre cómo abordar las soluciones sobre esa cuestión.

Como es conocido, una de las herramientas más importantes que utilizó el Estado Peronista fue la Fundación Eva Perón, una institución de cuño privado que, sin embargo, reunió las más amplias atribuciones de asistencia en el ámbito nacional y que, con su accionar, iría incorporando a la estructura social a los grupos desprotegidos, dentro de los cuales se encontraban los niños. Su acción social directa llevada a cabo por la misma Eva Perón y la legión de mujeres que la seguían, imprimió nuevos rasgos a la Fundación y a sus actividades, dotándola de características innovadoras. La Fundación llegó a competir, en el caso santafesino, con los planes de asistencia y los servicios sociales brindados desde el mismo estado provincial, pero procurando alejarse de los viejos modelos de Beneficencia que según su mentora " humillaban " a los depositarios de la ayuda. Así, la justicia social peronista, encarnada en la figura misma de Eva Perón, vendría a devolver la dignidad a todos aquellos grupos carenciados que ya no recibirían limosnas o caridad, sino que estarían haciendo uso de sus derechos. En el afán igualador del ejercicio de esos derechos sociales, la innovación estaría en la asistencia como contrapunto a la beneficencia para los grupos sociales excluídos, en este caso el de los niños pobres.

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Del brigadier mayor Arturo Eduardo Pons Bedoya, edecán del Presidente de la Nación Gral. Juan Domingo Perón:

En el entorno de funcionarios que acompañan a la gestión del Primer Mandatario, el Cuerpo de Edecanes se desempeña en la tarea más diáfana y clara que pueda considerarse.

Representando a las Fuerzas Armadas, de la que es parte activa, hace acto de presencia en todas las actividades oficiales que cumple el Presidente de la Nación. Es decir, en aquellas actividades en las que el ayudante asiste al jefe al cual está subordinado.

Sin representación política partidista de ninguna clase, el desempeño del edecán es exclusivamente militar, practicando las costumbres sociales que son normales en las relaciones humanas.

La más honrosa satisfacción del edecán es, cumplido su destino en la Presidencia, continuar con regularidad su carrera profesional.

Anécdotas ...

En oportunidad de buscar al general Perón un 9 de julio, para ir al Teatro Colón, estaban en una sesión con el fotógrafo oficial, él y su señora ( él de frac, y ella muy bien vestida ). Yo entré y saludé, y me quedé ahí detrás del fotógrafo. Y el fotógrafo, le dice a la señora:

¿ Sabe, señora, que al edecán, el vicecomodoro, no le gusta sacarse fotografías con ustedes ?

" ¡ Cómo es eso ! ", dijo la señora.

Yo siempre me ponía detrás del fotógrafo, era por mi forma de ser, sencillamente. Entonces la señora agrega:

" Venga, póngase acá. "

Al día siguiente la publicaron a la foto en el diario Democracia, en uno de sus suplementos. Automáticamente, me transformé en un personaje famoso.

El presidente Perón era una persona de trato serio y formal y mantenía la distancia con su interlocutor. La calidez, y el acercamiento lo ponía la señora, pero él tenía una gran simpatía personal, y uno experimentaba una atracción por él por su capacidad, su dedicación, su inteligencia. El era primera figura, indudablemente, pero no permitía el acercamiento. Sin embargo, era de hacer chistes y tenía muy buen humor. Yo lo he acompañado muchas veces yendo en el auto, aun con su señora. Y la conversación entre ellos era una conversación absolutamente muy respetuosa. Ella le decía Juan; él la llamaba Evita, pero todo así, en esos términos. Incluso cuando lo tenía que acompañar como edecán de servicio a él sólo, él se sentaba a la derecha, como era costumbre, y yo me sentaba a la izquierda en el mismo asiento.

El mantenía esa imagen conservadora, era conservador en sus hábitos de vida, lo digo categóricamente. Y conservador militar, del tipo hecho en los cuarteles. Yo habré comido con él en su casa dos o tres veces, cuando mucho. Así, llevándolo en la noche, y si me invitaba para que lo acompañara a cenar porque la señora no estaba, entonces yo accedía. Traían una botella de vino semillón, después un bifecito y una ensaladita o un tomate partido y después dulce de postre. Y así comía. No era de exquisiteces.

Creo que en su verdadera formación, como hábito de vida, él fue un militar permanentemente. Y la segunda formación de él fue la de maestro. Era una persona capacitada para exponer, permanentemente exponer ... un docente nato, con una alta capacidad para la docencia.

El trato de Eva Perón con los edecanes era afectivo por parte de ella, y era una cosa totalmente normal, el trato con ella era muy natural, muy simple.

Evita no tenía edecanes, como se ha dicho o escrito en alguna bibliografía, sobre todo en los libros post - revolución del 55, que ella tenía edecanes. Evita no tenía edecanes y no los tuvo. Cuando viajó a España la acompañaron tres oficiales, tres edecanes del presidente Perón: Ballofet, Rodríguez y Gutiérrez. Jamás Evita tuteó a los edecanes ni tomó confianza con ninguno.

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Del Prof. Julio Mario Luqui Lagleyze, docente superior de la Armada Argentina en el Departamento de Estudios Históricos Navales, especialista en Historia militar hispanomericana, miembro de la Academia Sanmartiniana y del Instituto Nacional Browniano y miembro del Comité Argentino de Historia Militar, escritor, autor del excepcional trabajo titulado Los edecanes del Presidente, editorial Edivérn, Buenos Aires, Argentina, con numerosas ilustraciones y fotografías, 92 páginas, año 2001:

El origen de los edecanes surge de las escoltas y guardias personales de los jefes de tribu y luego los reyes que necesitaban rodearse de un círculo de amigos y/o sirvientes leales, expertos en el manejo de las armas, que pudieran defenderle de los ataques de sus adversarios y aspirantes a ocupar su propio puesto.

El distintivo que actualmente identifica a los edecanes, además de las insignias de su empleo ( el grado militar ), son los cordones en forma de trenza que, pendientes del hombro derecho y formando una onda o pabellón, se enlazan en los primeros botones del pecho del uniforme.

Los seis primeros edecanes del presidente Perón fueron: Por Ejército, el mayor Jorge Ballofet y el mayor Juan José Uranga. Los edecanes de Marina eran el capitán de fragata de infantería de marina Arturo Gutiérrez y el capitán de corbeta Roberto Cortínez. Por la naciente Fuerza Aérea estaban el comandante Mario Emilio Daneri y el comandante Arturo Pons Bedoya.

Según recuerdan sus edecanes, el general Perón llegaba a la Casa de Gobierno a las 6.40 hs. El presidente Perón revisaba muy cuidadosamente lo que firmaba, hasta las 07.00 hs. A partir de entonces, comenzaban las audiencias.

Los edecanes no acompañaban a su casa al Presidente Perón. Lo hacía su secretario privado, Juan Duarte. El edecán de servicio lo acompañaba sólo a los actos oficiales y luego lo dejaba en la residencia presidencial, en su casa. El edecán de servicio también acompañaba al presidente Perón cuando por la naturaleza de la ceremonia oficial, éste concurría con su señora Evita, como por ejemplo al Teatro Colón.

Las funciones de los edecanes presidenciales tiene larga data; desde el nombramiento de los primeros edecanes de la Primera Junta al día de hoy, en varias oportunidades han sido determinadas sus funciones de servicio y protocolo. El protocolo de la Primera Magistratura de la Nación, fue fijado por primera vez en el decreto del Supremo Director de 1814 en que determinaba las funciones a desempeñar por sus colaboradores y donde por vez primera se mencionaban las que competían al edecán de servicio.

Desde entonces a hoy las modificaciones de forma han sido muchas y muy variadas pero la esencia y el fondo es en sí el mismo y las funciones no han variado, se han amoldado al tiempo y actualizado con la modernidad y las características y exigencias del mundo actual y las funciones atinentes a la figura presidencial de un gobierno democrático estable.

Hoy en día, para la elección de los edecanes, se selecciona una terna de oficiales jefes ( tenientes coroneles, capitanes de fragata, vicecomodoros, según la Fuerza) que hayan cumplido todas las condiciones en el grado, de modo que puedan estar en cargos que no tengan exigencias de cumplimiento profesional, como comandos, cursos, o tiempos cumplidos en el grado.

Cualquier jefe propuesto a servir en Presidencia ha pasado por una etapa previa de selección dentro de cada Fuerza ya que se considera un honor y un destino de privilegio, para cualquier oficial de las Fuerzas Armadas desempeñarse como ayudante del Presidente, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.

El edecán existe en tanto el Presidente es Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. Cuando asume un Presidente - recién salido de una campaña política intensa, con un grupo de colaboradores que tampoco ha tenido contacto con las Fuerzas Armadas - incorpora al Gobierno gente de confianza que lo ha seguido en los últimos años. Su primer contacto con las Fuerzas Armadas son tres oficiales uniformados, con unos cordones llamativos ... sus edecanes. Estos llegarán a ser hombres de confianza del Presidente, consejeros informales, asistentes leales, confiables y discretos.

El edecán tiene una sola lealtad, que es al Presidente. Pero evidentemente el edecán lleva un uniforme, que es el de la Fuerza a la que pertenece y dentro de la discreción que debe guardar, es también vínculo directo con su jefe de Estado Mayor.

Las funciones de los edecanes actuales revisten el carácter de ceremonial y protocolo. La presentación de cartas credenciales es un acto meramente protocolar y ceremonial. Otra de las funciones del edecán es la de dar escolta, ser ayudante y custodia cercana al Presidente. Es decir la seguridad inmediata del Presidente. La concepción de seguridad inmediata es proteger con su cuerpo al Presidente, más que el uso de armas. El edecán de hoy no lleva armas porque para eso están la custodia y el personal de seguridad.

También es una de las funciones del edecán transmitir exactamente lo que diga el Presidente. No debemos olvidar que, por los cambios políticos que ocurrieron en el pasado, los edecanes fueron perseguidos nada más que por haber sido fieles a su función y recibieron graves sanciones disciplinarias, discriminación política e inclusive el exilio, y todo ello por la lealtad a su Comandante en Jefe. Un riesgo que un edecán está dispuesto a asumir y que hoy no es más que un recuerdo de esas épocas.

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Textos cortesía de Carlos Vitola Palermo de Rosario, Santa Fe, República Argentina.

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